jueves, 8 de octubre de 2026

capitulo 66

 




Emilio, con sumo cuidado, es introducido en una ambulancia. Está muy grave. Francisco ha alquilado una casita en la costa francesa. Ahí vive con sus hijos y sus padres. Ahí trata de recuperarse de sus heridas. Ver a los gemelitos correr por la arena contentos lo llena de dicha. Los pequeños preguntan a diario por su padre y eso hace que Francisco lo tenga siempre presente. Emilio entra en quirófano. Lo operan a vida o muerte.  Francisco está caminando solo por la orilla del mar. No le saca el ojo a los gemelitos pero también tiene tiempo de pensar en sus cosas.  No olvida ese día meses atrás, en una playa cuando él y Emilio coquetearon por primera vez. Le duelen los recuerdos pero ese día le duele más. Se lleva las manos al pecho como si presintiendo el peligro que está corriendo Emilio. Ha sufrido un paro cardiaco y le están colocando el Desfilibrador:


Darío por su lado llega a su casa contento. Ya tiene la fecha para la boda, muy ilusionado tiene ganas de contarle a su Duque. Cuando llega al estudio en el que han vivido esos meses se lo encuentra medio vacío. No están las cosas de Antonio. Es como si nunca hubiera vivido ahí. Darío se lleva una mano al pecho:
--¡¡Antonio no me pudo haber hecho esto¡
Darío le marca al celular pero lo ha dado de baja. Sabe que Antonio es lo que hace cuando se quiere sacar a alguien de encima. Darío se ha quedado pálido. Se le escapa unas lágrimas. Llega la policía.

--queda detenido por tráfico de drogas y además muchas deudas hay contra usted.

Darío no puede imaginar que ha caído en una trampa del verdadero culpable y mientras se lo llevan preso confía en que su Duque llegue al rescate.




Emilio logra estabilizarse pero su estado es muy crítico. No tiene conocimiento y está rodeado de máquinas que viven por él. Francisco arropa a los gemelitos.

--¿y cuándo va a venir papá?

Francisco siente un gran dolor cuando piensa en Emilio. Le da las buenas noches a los pequeños. Los acaricia.

--tiene mucho trabajo pero manda muchos besos. Vendrá pronto.

Y así los pequeños se duermen tranquilos. Quiere tumbarse en la cama a dormir pero la pequeña Alberta que tiene la cunita al lado de la cama de Francisco rompe a llorar. Francisco la mira con desesperación:

--no me hagas esto --le suplica a su hija.

Francisco mece la cuna y como no para la toma en brazos pero ni así la calla. Piensa en Emilio.

--él sí sabia cómo hacerlo.

Se siente un poco perdido sin él pero está decidido a sacar adelante a los tres pequeños sin ayuda de Emilio. Aunque le cuesta, Francisco finalmente logra que la pequeña Alberta calle. Se queda un rato mirándola. Se deja llevar por los recuerdos. Los recuerdos de una familia, la que formaban él, Emilio y los niños que ahora está rota. Francisco se tumba en la cama.

--¡no debo pensar en él¡

Le preocupa los gemelitos pero son muy pequeños y está seguro que olvidarán. Almenos eso es lo que espera. No está tan seguro de poder olvidar que Emilio lo hizo sentir único, especial, que ningún otro hombre de su pasado lo hizo sentir así.

--¡¡Era mentira...¡ ¡¡era mentira¡

Siente odio pero también pena. Había tanto dolor en los ojos de Emilio la última vez que lo vio. Mas el rencor que está sintiendo en esos momentos es más fuerte que cualquier otra cosa:

--no se merece que tenga compasión de él.. sólo se acordará de mi si no encuentra otro guapo con el que divertirse.

Y creer eso es algo que lo lastima. Francisco se sorprende así mismo mirando una foto de Emilio con él y los gemelitos. Ha tratado de romperla varias veces pero no puede. Necesita mirarla. Siente odio, dolor pero algo desde muy dentro de él le impide romperla. Le nace contemplarla una y otra vez.


días después... Emilio no ha recobrado el conocimiento. Lo obligan a luchar por una vida que no desea. Laura, la enfermera que más cerca de él está,  lo cuida conmovida.

--No tiene a nadie... pobre... 




Francisco aprovecha que ninguno de los pequeños se ha despertado para ir a pasear por la playa aprovechando que vive prácticamente en ella. Baja en bañador. Camina tristemente. No quiere dejarse llevar por los recuerdos pero tiene a Emilio clavado dentro de él. Ni él mismo se había dado cuenta de que Emilio le importaba tanto.   Una voz lo saca de sus pensamientos.

.--¡¡ese modelo... guapo¡

La voz se le hace familiar. No puede creer lo que ve. No demuestra mucha alegría aunque sí es alguien querido.

--Lucas... ¿Qué haces aquí?

Lucas está acostumbrado a un recibimiento más efusivo. Lucas se decepciona un poco:

--chico cuanto más viejo más antipático... ¿así se recibe a un amigo de la infancia?

Lucas lo estrecha entre sus brazos. Francisco se siente tan lejos de ese muchacho que un día fue. Lucas sí se alegra mucho de ver a Francisco y le da pena verlo triste. Apagado.

--¿estás de vacaciones? --Lucas.

--No, vivo aquí.

Lucas está muy sorprendido:

--¡¡yo también¡

A los dos les sorprende saber que son vecinos y no se habían dado cuenta. Lucas acaricia el rostro de Francisco que se lo saca de encima:

--no seas sobón.

Lucas se muestra alegre, simpático. Con su vitalidad trata de contagiar a Francisco porque se da cuenta que le hace falta. Lo toca a pesar que Francisco no quiere. Le pone las dos manos en las mejillas y dice:

--¿porqué esos ojos tan tristes?

Francisco fuerza una sonrisa porque no quiere tener que dar explicaciones.

--no, nada.

Lucas de nuevo le pone las manos en las mejillas. Lo conoce bien y sabe qué le pasa algo.  Francisco también lo conoce. Sabe que no va a parar hasta que le diga algo. Francisco se aparta una vez más de él y dice:

--es muy largo de explicar.

Francisco mira hacia el mar. Lucas no piensa dejarlo tranquilo. Se pone detrás de él. Abre los ojos como platos.

--¡¡cuenta... me encanta el chisme¡

--tu nunca cambias... --dice Francisco amable.

–¿para que? --Lucas con una divertida sonrisa.

Francisco no tiene ganas de conversación. Lucas trata de sacarle las palabras. Divertido le pregunta:

--¿te levantas?

Lucas está vestido. Tiene cara de cansado. Aunque no tiene ganas de charla, Francisco no lo piensa y le pregunta:

–¿te acuestas...?

--depende... ¿es de día...? --Lucas divertido.

--veo que tu nunca cambias...

--para qué cambiar... Si me va bien así...

Francisco no tiene ganas de hablar pero Lucas lo va animando. Francisco siente un poco de envidia de la frivolidad de su amigo. Piensa que así nunca se hubiera dejado lastimar por Emilio. A Lucas le conmueven mucho los ojos tristes de Francisco. Lo acaricia dulcemente y afectuosamente le dice:

--un chico tan guapo como tú nunca debe estar triste. Y espero que no sea por un hombre porque como un hombre te haya hecho daño me lo cargo.

Lucas habla muy divertido y Francisco se va olvidando un poco de la pena. Se deja arrastrar por la conversación. Hablan un poco en plan de broma mientras caminan por la playa.

--recuerdo que yo te quise seducir... dijiste que no era tu tipo que yo era demasiado guapo y no te fiabas de los chicos guapos.. --Francisco.

Lucas, divertido, se da un bofetón:

---fui un tonto.

Luego toca en el pecho a Francisco muy coqueto y le dice:

--nunca es tarde.

Francisco se lo saca de encima. Muy serio le dice:

--yo ahora lo que menos quiero es un romance.

Lucas sigue al ataque. Se muestra seductor:

--te preparo uno de mis mojitos y se te olvida todo.

Para marcar las distancias Francisco le dice:

--tengo tres hijos.

–¿hijos y 3?  --incrédulo-- ¿que clase de gay eres tú?

Francisco se le ríe. Lucas lo abraza contento.

--¿lo ves? ya he logrado hacerte reír.

--Me alegro de verte.--Francisco cariñoso.

Lucas le acaricia los labios coqueto:

--te juro que yo te voy a quitar esa tristeza.

Francisco traga saliva nervioso. Mientras a Emilio la vida se le está escapando. Más bien él mismo se está dejando ir.



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