Darío que antes se mostraba tímido ahora es el lanzado. El que toma la iniciativa. Francisco que antes era más descarado ahora es el que se para. Se imaginaba a Darío más difícil y aunque le gusta mucho y es lo que ha deseado durante mucho tiempo no entiende bien el cambio. Darío está irreconocible. Había momentos en los que Francisco dudaba si era gay o no pero ahora no. Darío se muestra apasionado y lleno de deseo hacia Francisco. Por fin no se tiene que reprimir. Con mucha sensualidad, Darío toca los excitados genitales de Francisco por encima del sexy calzoncillo. Los dos jadean. Los dos están muy excitados. Durante esos días, Francisco ha pasado horas imaginándose si lograría seducir a Darío, como seria. Había pensado muchas cosas y ninguna como está pasando, que Darío se mostrara tan apasionado.
--a ver que tenemos aquí... --dice Darío mirando con cara de depravado los genitales de Francisco mientras le va bajando el calzoncillo.
Francisco jadea excitado pero ese Darío no es el que él había imaginado. Está aturdido.
–¿a qué estás jugando? --jadea.
Darío no se retiene. Le baja el calzoncillo y lo empieza a masturbar:
–¿no es esto lo que querías? --dice Darío excitado.
--desde cuando eres tan... --no sabe como decirlo-- tan así.
Francisco jadea por el trabajo manual que le está haciendo Darío. Con la mano y a veces con la lengua. Francisco siente escalofríos por todo el cuerpo. Sin mover de abajo a arriba como el loco el enorme pistolón de Francisco, Darío lo mira cachondo y muy pícaro le dice:
--desde que no estoy con mi mujer... no es esto lo que querías... ¿o esperabas una declaración de amor? –dice en tono de burla.
En realidad Francisco quisiera estar seguro que está comenzando algo entre ellos y no sólo un polvo. Darío ha pasado demasiados días frustrándose para que su esposa no se diera cuenta que sus sospechas son ciertas, que Francisco le tiene loco. Ahora que al fin lo tiene para él, que le puede hacer lo que quiera no está dispuesto a esperar. Se muestra coqueto, seductor.
--tengo que pagarte este viaje... --dice con ironía y cara de degenerado.
--solo por eso. – jadea decepcionado.
Darío sonríe:
–¿te importa? ¿no querías acostarte conmigo a toda costa?
Francisco le quiere contestar que no pero luego recuerda el dinero que se han gastado él y su hermano para acostarse tanto con Lola como con Darío. Tampoco puede decir mucho porque Darío engulle la grandísima lanza de Francisco y ambos se olvidan del resto. Dan y reciben por partes iguales. Son dos bestias salvajes en celo. Ambos juegan a quien hacer gritar más al otro. Los dos disfrutan siendo el pasivo y también el activo. Se retuerce de placer. Se quitan las ganas de todos estos días de deseo.. Acaban muertos. Jadeando. Casi no pueden ni respirar
--no me voy a mover de aquí hasta que lleguemos a tierra… –jadea un agotado Francisco.
Darío sonríe:
--si no estaría mal, pero me muero del hambre.
Darío se levanta:
--no te apetece una noche loca...
–¿más?
Darío lo mira pícaro:
--¿me sigues?
Francisco se levanta. Lo abraza:
--siempre, yo…
Darío siente que se va a poner romántico y lo besa.
--no estropeemos las cosas. Vive el momento.
Francisco está totalmente seducido. Se visten sin sacarse el uno la vista del otro. Fuera del camarote se comportan como dos amigos que han ido de vacaciones. Francisco quiere hablar en serio con Darío pero éste no se lo permite. Está fascinado mirando cada detalle del barco.
--¡¡es como salido de una película¡¡
Francisco lo ve tan ilusionado que siente que Darío haría lo que fuera por ese viaje y le duele pensar que se acostó con él solo por eso. Darío no le deja decir nada. Van al comedor Romeo y Julieta con ventanas panorámicas que dan al mar.
--¡¡es tan romántico¡ --dice Francisco enamorado.
Darío lo mira serio:
--no somos una pareja, ojo con lo que dices que van a creer que somos un par de maricones.
--¿y lo de antes que ha sido? –le reprocha.
Darío lo mira travieso y dice:
--diversión entre amigos.
Eso decepciona un poco a Francisco aunque peor hubiera sido que le dijera que fue para pagar su deuda por el viaje.
--no pienses tanto y disfruta. --le dice Darío afectuoso.
Le traen el plato. Bogavante.
--disfrutar de esto o de ti.
Francisco habla serio. No quiere saber hacia dónde van. Darío le guiña el ojo:
--de las dos cosas.
Francisco suspira y Darío le sonríe. No hablan mucho. Darío sólo está pendiente de las maravillas del barco. De lo que verán. Francisco a cada momento se siente más seducido y enamorado. Le gusta su compañía, su alegría. Le vuelve loco su cuerpo. Van al Schonner bar y se dejan llevar por la música del pianista. Luego prueban suerte al Blackjack en el casino. Acaban en el puente. La brisa del mar acaricia sus rostros, las estrellas cubren sus cabezas. Ambos miran hacia el firmamento.
--¡¡esto es lo más bonito que he visto en mi vida¡ --dice Darío.
Francisco lo mira a él.
--¿qué miras? --le pregunta Darío.
--Lo más bonito que he visto en mi vida.
Aunque se siente halagado le dice:
--No me gustan esas tonterías.
--¿Y qué te gusta? ¿qué pretendes de nosotros?
Francisco habla con reproche. Darío mira hacia el mar:
--soy un hombre casado... ¿recuerdas? Quiero que nunca olvides esto.
Francisco lo desea y siente que lo ama. Le duele pensar que no vaya a pasar nada más entre ellos.
--pero entonces...
Darío no le deja seguir:
--estamos en un lugar magnifico¿porqué no aprovecharlo? ¿porqué perder el tiempo hablando tonterías?
Darío se muestra cariñoso y eso le gusta a Francisco aunque quiere saber más. Para cambiar de tema, Darío dice:
--gracias por todo. nunca lo olvidaré. Te debo una.
Y sin querer le ha dado a Francisco la opción de preguntar lo que tanto quería:
–¿tanto como para tener sexo con un tio que no te gusta?¿ En serio lo has hecho por pagarme?
--¿Eso crees de mi?
--dímelo tu? --confundido.
Darío se muestra sonriente:
--lo he hecho porque me apetecía. En otras circunstancias habría pasado antes.
–¿y después?
--no hay después. Lo que ocurra en este crucero se queda aquí.
Es una sentencia. Francisco se queda triste. Darío mueve su bello cuerpo de una forma muy sensual. Es extremadamente seductor:
–¿vamos a alguna discoteca a ver qué tal?
Francisco quiere vivir una luna de miel. No quiere que sea lo único que los una pero no quiere perder el tiempo.
–¿y porque no vamos al camarote?
–¿ya quieres dormir?
--no, no pensaba en eso.
Se miran con cara de depravado. Los dos han entendido y a los dos les encanta disfrutar de sus cuerpos. Juntos, desnudos y en la cama son dos volcanes que escupen puro fuego, dos bestias salvajes jadeando estridentemente. Un solo cuerpo formado por dos hombres que gozan de una forma loca. Se desean ardientemente.
















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