Francisco despierta. Busca a Darío y casi se cae de la cama. Darío se ríe.
--¿¿qué te pasa?
Darío está sentado en la otra cama. Francisco lo mira algo decepcionado:
--¿has dormido solo?
--si claro... ¿dónde iba a dormir?
--conmigo.l. Me hubiera gustado amanecer contigo.
Francisco está de pie. Darío sentado en la cama. Lo mira con cariño.
--No vuelvas con lo mismo. Me gustas mucho pero soy un hombre casado y no voy a dejar a mi mujer.
--¿en serio vas a volver con ella como si nada?
Darío se levanta. Lo abraza:
--aquí, en este camarote seremos lo que tú quieras pero fuera solo amigos. Es lo que hay...
Francisco se resigna.
--Esta bien. Aunque me hubiera gustado tener una relación contigo. Sí es cierto que me moría porque hiciéramos el amor.
Darío sonríe dulcemente:
--y además sobre el agua eso no lo hace cualquiera.
--Si, nuestra primera vez ha sido en el mar... Es tan romántico.
Los dos están desnudos y sus cuerpos se señalan. Se sonríen. Es Francisco el que se agacha.
--pero solo una mamada --jadea Darío-- quiero hacer todo lo que haya en el barco.
Pero Francisco le recuerda que le ha dicho que ahí son lo que él quiere y Darío con una sonrisa pícara le dice que tiene razón. Es ya media mañana cuando con dos sexys bañadores con cuerpazos que ni los Dioses Griegos van a la piscina. Se dan un buen baño. Luego mientras Francisco toma el sol, Darío da una pequeña vuelta. Hay muchas actividades en el barco: curso de jogging. centro de fitness, salón de belleza, hammam...
--no he venido aquí para hacer deporte --le dice Francisco.
--pero a todo lujo, además tenemos 24 horas hasta llegar a la primera isla... ¿qué vamos a hacer ahora?
--se me ocurre algo.
--eres insaciable... pero hay tiempo para todo.
Se miran pícaros. Darío se deja convencer por Francisco. Pasan en el camarote horas encerrados haciendo el amor. Hasta la hora de la comida. A media tarde recorren los centros del barco. Son discretos aunque más que dos amigos cada vez se muestran más como una pareja en plena de luna de miel. A Francisco le gusta mucho la sonrisa de Darío, la alegría que transmite. Luego ya en la tarde recorren todos los bares, los espectáculos. Van al casino, la discoteca. Darío se deja convencer para ir a uno de los salones de fieltrado ambiente. Bailan, se miran. Rozan sus manos. Cuando ya no pueden más en el camarote queman las pocas fuerzas que les queda.
Es su segundo despertar en el barco. Darío no ha dormido con Francisco como éste le pide. Francisco se levanta desnudo. Mira a Darío que duerme en bolas y sin tapar. Lo desea pero además siente que lo ama. Son sentimientos que se los queda para él. Están viviendo un sueño que se acabará en el momento de regresar a España. Almenos quiere tener un recuerdo bonito y sobretodo no desaprovechar ni un solo instante. A las doce del medio día tocan al fin suelo griego. Llegan al Pireo Atenas. Tienen hasta los 8 de la tarde para visitar la ciudad. Lo hacen por libre no quieren que nadie les observe. En especial Francisco que confía vivir momentos románticos junto al que es su amante de crucero. Darío y Francisco caminan por la que es cuna de la civilización griega y de una de las más potentes culturas de la historia. Están impresionados por esa gran metrópoli que se alza ante sus ojos. Francisco se le pega de más a Darío. Está muy excitado. Aunque lo regaña es con dulzura:
--que corra el aire... --le dice.
--si nadie nos conoce --se queja Francisco.
--si pero no sabemos como se lo va a tomar la gente si nos creen una pareja de novios...
A Francisco, después de sus intensas noches, le duele que Darío use el término creen. Igual no le dice nada. Lo ve tan ilusionado. Darío ha comprado en una de las tiendas del barco una guía para no perderse detalle. La lee mientras caminan y mientras Francisco lo observa el trasero con deseo.
–¿sabias que el nacimiento de la ciudad fue por una riña entre los Dioses? Como la Diosa Atenea fue quien logró la paz la ciudad se llama así.
Francisco lo escucha sin hacerle caso. Le gusta su cuerpo, su rostro, su voz, sus labios. Desea besarlo. Le gusta y disfruta mucho de su compañía. No se pierden el símbolo principal de la cultura griega: el Acrópòlis, resguardado y que sirve de refugio alrededor del palacio fortificado. Haciendo gala de todo lo que ha aprendido leyendo la guía explica:
--El primer templo dedicado a Atena dió lugar a la transformación de la fortaleza en un santuario, por lo cual la belleza dominaba el culto mismo de la divinidad.
Francisco mira su boca. Sus labios. Darío le sonríe y Francisco está fascinado. Le quiere decir que quiere besarlo, tocarlo pero tampoco quiere que Darío lo malinterprete cuando es Francisco el primero que dice que no quiere una relación exclusiva sexual. sólo le dice con voz y cara de enamorado:
--son los mejores días de mi vida. –dice Francisco ilusionado
–--los míos también.. --dice Darío
entusiasmado..
--ya pero para mi lo mejor es porque estás tu... -Francisco-con un sabor agridulce.
Darío sonríe halagado pero no dice nada y eso le duele a Francisco que hubiera querido escuchar un para mi también aunque fuera de mentira. A las ocho regresan al barco. Son demasiadas horas frustrándose. Darío va delante y Francisco detrás haciendo un esfuerzo, controlando sus manos que se quieren lanzar contra el trasero de Darío. Lo va a violar nada más entrar. Francisco no sabe que Darío está sintiendo lo mismo y se "violan" mutuamente.
Han estado despiertos hasta tarde disfrutando de todos los servicios que les ofrece el barco y sus cuerpos. Solo tienen unos días para disfrutar de ambas cosas y quieren sacarle el máximo jugo posible. Darío está ya despierto y vestido. Despierta a Francisco con cariño:
--venga... despierta... Ya tenemos que desembarcar...
Francisco protesta:
--pero recién nos dormimos...¿porque tan pronto?
Francisco no abre los ojos. Está muy dormido. Se tapa con la sábana. Darío se la arranca dejándolo desnudo:
--ya hemos llegado.
--pero no hace falta que seamos los primeros.
Darío lo despierta con sus besos, con sus caricias.
--así da gusto --jadea Francisco.
Francisco quiere más pero Darío dice:
--si no te levantas ahora esta noche no habrá nada. Nos iremos a dormir temprano.
Ese es el mejor aliciente para Francisco que se levanta y se viste deprisa. Los amantes se observan detenidamente. Se besan durante largo rato, tocan sus cuerpos. Una vez crucen el umbral de la puerta son solo amigos y como ambos se desean de una forma desesperada pues aprovecha bien el momento.
Francisco tiene mucho sueño, a Darío le da energía la emoción de conocer una isla más. Daria va delante leyendo de una guia:
--Esta isla se llama Mykonos, sabias que --Darío sigue leyendo--:
Probablemente la más famosa isla griega. Con un paisaje típicamente de las islas cycládico, árida y rodeada de magníficas playas. Debe su fama a la belleza de su capital, de sus casitas blancas de pasajes estrechos y entrañables, así como a sus numerosas playas de gran calidad.
--Ah mira... pone que existe ambiente gay...
Y Francisco se le iba a lanzar encima pero Darío lo retiene:
--pero igual soy un hombre casado y prefiero guardar las distancias. Es una isla pequeña y muy frecuentada por turistas.
Francisco se resigna. Darío alza sus brazos. Mira a su alrededor. La isla debe su fama a la belleza de su capital, de sus casitas blancas de pasajes estrechos y entrañables, así como a sus numerosas playas de gran calidad. Darío está encantando. Camina muy deprisa y Francisco se muere por él. Si lo atrapa no se controlará y lo abrazará. Los amantes recorren esas callejuelas estrechas y mágicas como un laberinto. Casas pintorescas, arcos multicolores, flores.
--¡¡es una isla fascinante¡
Francisco tiene delante de él toda una obra de arte. El trasero de Darío. Un trasero perfecto, con esas arruguitas de entre las nalgas que se mueven cuando caminan. Francisco desea la compañía de Darío pero le mira el cuerpo y sólo desea hacerle el amor.

















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