Iván aparca la moto. Entra en su casa por primera vez como pareja de Francisco. Lo ve todo desde otro punto de vista. Se siente con más derecho de estar en esa casa. De entrar al cuarto de su amado. La cama deshecha, la ropa sucia de él tirada en el piso. Se tumba en la cama.
--¡mío... mío¡ ¡¡es mío¡
Iván abraza esas sábanas que tienen el aroma de Francisco. Llaman al timbre. Es un cubano de lo mejor. Quiere ver la habitación que alquilan. Iván tiene pensadas cientos de excusas que dar a quien quiera irrumpir en su vida conyugal con Francisco.
--no puede entrar, la habitación libre está infectada de ratas... así... --mueve las manos-- como caballos...
El cubano lo mira con cara de asco y se va. Iván lo mira cachondo.
--¡¡pero que puso este hombre en el anuncio¡ --dice mirándole el trasero.
Francisco ha quedado a media mañana para tomar un café con su gemelo. No le quería decir nada pero esos gemelos se conocen el uno al otro como así mismo. Alberto se da cuenta que algo preocupa. Francisco se toma su café de golpe para tratar de calmarse. Luego le comenta que ha convertido en su amante a su joven compañero de piso.
--¡¡así que Pedro tenia razón¡
Muy nervioso Francisco trata que su hermano crea que no ha tenido nada que ver con su ruptura con Pedro, que antes nunca se había fijado en él pero Alberto no le cree. Ahora que él lleva una vida seria, un hogar formado le hace gracia que sea Francisco el que viva un loco amor.
--tu que siempre has hecho lo que se debía... ¡¡con un alumno... ¡ --Alberto divertido.
--no me hagas sentir peor --Francisco avergonzado.
Alberto le acaricia con cariño. Le sonríe:
--estoy bromeando. Sí me parece bueno.. Ya te tocaba siempre tan recto. Sin saltarse las normas.
--bueno me lo hice con un profesor...
Francisco lo recuerda con cierta timidez pero queriendo dejar claro que en su pasado también hizo locuras. Aunque fuera una.
--¿¿que será de ellos? ¿¿como se llamaba esa profesora que te tiraste en Roma?
---¿y el tuyo?
con nostalgia de la primera vez Francisco dice:
--Silvestre.
--No recuerdo como se llamaba.
--¿la olvidaste? --le dice-- yo nunca olvidaré mi primera vez...
--he tenido demasiadas mujeres para acordarme de alguna, la única de la que nunca me olvidaría el nombre es de mi Barbie.
Francisco quisiera en parte estar en su lugar. Le gustaría tener un hogar como el de su hermano. A ver logrado un hombre con el que mirar al futuro.
--tienes cara de enamorado..
--será de lo que soy.
Francisco se ríe y Alberto le tira una servilleta:
--no te rías que no te voy a dejar cargar a tu sobrino o sobrina.
A Francisco se le ilumina la cara:
–¿vas a ser papá?
--No, no... pero ya lo estamos buscando... Seguro que muy pronto
Los gemelos están entusiasmados.
Cuando Francisco llega a casa al medio día, Iván lo recibe con un beso.
--¡¡te he preparado algo de comer... espero que te guste¡
--¿has cocinado?
Francisco está muy impresionado e Iván es lo que quiera, ganar puntos. Se sientan juntos. Iván espera su criterio.
--hum... no está nada mal.
Iván contento le explica que ha buscado la receta en internet. Quiere impresionarlo.
--sé que la cocina ha quedado muy sucia pero.
Francisco se pega a él. Lo acaricia y lo vibra:
--pero te has esforzado.
El resto de la casa sí está limpio. A Francisco le gusta que Iván sea responsable. Iván vibra al tenerlo tan pegado a él. Lo mira con cara de depravado y le dice:
--¿no me das mi premio?
–¿que quieres? --Francisco cariñoso.
–¿uno rápido? --con mirada libidinosa.
--venga... --con una sonrisa picara.
Los dos se miran pícaros mientras van hacia el dormitorio.
Francisco e Iván se han quedado dormidos abrazados el uno al lado del otro después de un nuevo coito. Iván es el primero en despertarse. Lo mira con amor y con deseo. Contempla la vista durante largo rato. Siempre le ha gustado mucho el cuerpo de ese hombre y ahora está encantado poseyéndolo. Está feliz y le quiere demostrar que es el hombre que necesita. Por eso aunque le da mucha pereza, se levanta. Se viste y empieza a limpiar la cocina. El ruido de los platos despierta a Francisco. Se asea y se viste. Entra en la cocina. Mira a Iván satisfecho. Iván está limpiando la cocina y Francisco se dispone a poner la lavadora.
--venga, que te echo una mano. No quiero que luego digas que te exploto.
--bueno... no me vas a mantener gratis y con ese curro que tengo no gano para pagarte.
Francisco se le acerca, le acaricia la barbilla con mucho cariño:
--pero ahora es diferente.
--¿qué ha cambiado?
--Estamos juntos. No quiero sentir que me aprovecho de ti, que me acuesto contigo, te hago limpiar la casa y encima me pagas un alquiler.
--pero yo...
Francisco se muestra muy cariñoso e Iván está encantado.
--Creo que será hora que dejes tu trabajo y te centres en los estudios.
--tampoco te pongas fraternal. No me gusta.
Francisco le da una patada en el trasero, lo mira regañón pero de cariño:
--el que ahora nos acostemos juntos no quita que te siga cuidando. Soy mayor que tú.
--pero no soy un niño. Ya soy un hombre --dice Iván con orgullo.
Francisco lo abraza con fuerza:
--lo sé... me lo has demostrado.
Iván está paralizado por el deseo. No es capaz de decir nada. Lo besa apasionadamente. Luego juntos recogen la cocina. Se miran de reojo. Iván está feliz de compartir esas cosas con Francisco. Luego se encierra en su habitación a corregir ejercicios. Iván quisiera estar con él pero tiene deberes que hacer y no desea ser regañado. Suena el teléfono. Es por la habitación e Iván le dice que no, que ya la alquilaron. Cuando cuelga Francisco sale de la habitación.
–¿quien era?
--numero equivocado.
Francisco se molesta.
--¡¡no me mientas¡
Resulta que los dos han tomado la llamada a la vez y Francisco lo ha oído todo. A Francisco le duele mucho que Iván haya boicoteado el alquiler de la habitación.
--¡¡eres un irresponsable. Ese dinero nos podía haber venido muy bien¡
Francisco lo trata de cariñoso. Se da cuenta que Iván lo que quiere es quedarse solo con él y aunque por un lado le emociona no soporta que le engañen.
--no me gusta que te comportes como un niño malcriado.
--no ha sido por eso.
--y entonces... ¿porque ha sido? --en tono regañón
--por... por... --balbucea-- ¡¡porque se la he prometido a una amiga... su prima ha llegado y busca piso para compartir¡¡
Francisco está muy enojado e Iván no quiere que lo trate de inmaduro. Se ha acordado que efectivamente esa compañera busca piso para su primo pero nunca pensó en ofrecérsela.
–¿y porque no lo has dicho antes.? --en tono duro pero más tranquilo.
--es que lo quería confirmar.
--¡¡pues que sea ya¡
Ivan maldice su suerte. No quiere a un tercero en la casa pero prefiere que sea alguien de su entorno que no uno de esos guapos que siempre elige Francisco.













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