Francisco cierra su maleta. Está muy emocionado. No menos que Alberto que también tiene ganas de que partan. Sólo piensa en un crucero, una semana al lado de un guapo hombre muy sexy que le encanta. Las horas le han parecido días.
--Parecía que nunca iba a llegar la hora. lo que me ha costado mantenerme alejado de él
Alberto lo mira pícaro:.
--ahora tendrás tu premio, esos dos ni se han mirado.Se mueren por un polvo y ahí estamos nosotros.
Se miran con complicidad y se abrazan deseándose suerte.
Por su parte, Darío ya está preparado para salir del cuarto con su maleta. Lola ni lo mira. Darío la mira triste. Los dos han esperado que el otro dé el primer paso y ninguno lo ha dado. Darío no ha querido renunciar a su sueño y le duele que su esposa no comparta sus sentimientos con él. Ahora se acerca a ella con dulzura. Hasta el último momento Lola tiene la esperanza que no se vaya. Y es que algo muy dentro de ella le indica que ese viaje es un peligro para su matrimonio.
--¿Por qué me tengo que ir enojado?
--¡¡no te vayas¡
Y Lola no lo ruega ni lo pide. Lo exige y eso molesta mucho a Darío. Aún así procura no perder los nervios.
--no me pidas eso. .--le suplica.
Lola se da la vuelta. Se hace la víctima. Espera que su marido la abraza, le haga mimitos y le diga "no te preocupes mi amor, tu eres más importante que un viaje" pero Darío siente que la actitud de su esposa es egoísta. Siente un poco de remordimientos:
--bueno en realidad tiene sus razones... --dice para sí.
Y luego piensa:
--pero no le he dado motivos para que sospeche...
El crucero, estar con Francisco alejado de todo son cosas que le hacen demasiado ilusión vivir y aunque le preocupa el futuro de su matrimonio no quiere renunciar a eso. Lola no sale a despedirlo. Está furiosa. Darío y Francisco se miran de una manera especial.
--¿listo? --Darío.
Francisco lo mira y suspira. Cada uno agarra su maleta y salen. El uno al lado del otro, se miran. Ambos sienten el deseo del otro. Francisco está seguro que no está equivocado, siente que Darío busca lo mismo que él. Lo quiere apretar ahí mismo, en el ascensor pero prefiere que sea Darío quien dé el primer paso o en todo caso ya en el barco. Lo desea y se muere por ese revolcón pero Francisco quiere que sea también un momento bonito. Mecidos por el mar. Nada más se han ido, Alberto con su falsa pierna rota y sus bastones llama a la puerta del dormitorio de Lola . Muy dulce pero con su mejor sonrisa seductora le pregunta:
--¿te sientes bien? ¿necesitas algo?
Lola lo abraza con fuerza. Llora. Alberto se muestra cariñoso pero en su rostro se lee la palabra: sexo. Está muy cachondo.
Darío y Francisco están ya en el avión rumbo a Venecia. Están los dos juntos pero en silencio. Sus piernas se tocan todo el rato. Francisco ve a Darío tan serio que teme que no pase nada entre ellos. Ya en el aire, Francisco se siente más tranquilo. Aunque está convencido que sus intenciones están bien claras, Francisco le pone la mano en el muslo a Darío. Lo mira muy sensual. Los dos se estremecen.
--¿te ocurre algo? ¿Piensas en Lola ?
Es mencionarla y Francisco se da cuenta que ha cometido un error, que no debe traerla entre ellos.
--todo bien. No pensemos en Lola , no te quiero aguar el viaje.
Darío sonríe y Francisco se estremece. Ya no se dicen nada. Los dos están ilusiones por ese viaje de ensueño que comienza por Venecia.
Francisco y Darío dos bellezas de la naturaleza moviéndose en una belleza arquitectural. Una ciudad que se eleva se eleva desde un archipiélago de pequeñas islas, separadas por una red de canales, atravesados por alrededor de 400 puentes todos en forma de arcos
--siempre quise conocer Venecia--Francisco.
--Aunque las Islas Griegas siempre ha sido mi sueño pues he de reconocer que me moria por viajar. Nunca había salido de España.
Francisco está encantado que sea a su lado.
--Pues en el instituto estuve en Roma.
--¡¡que suerte¡
--Aunque me hubiera encantado llegar a Venecia.
Darío le va preguntando cosas de ese viaje. No quedan muchas anécdotas de recordar. Le habla de cosas de la ciudad, del primer amor...
--Era un profesor.
Darío abre los ojos como platos:
--¿¿te acostaste con un profesor en el viaje fin de curso?
Francisco sonríe:
--no, fue después.
Pasean por el gran canal como una pareja de enamorados. Francisco se siente en una luna de miel. Darío está ahí tan accesible, tan sonriente pero se comporta como un amigo. Francisco aún tiene sus dudas de lo que pueda pasar entre ellos. También piensa que es más bonito hacer, conocerse un poco, vivir momentos románticos antes de perderse a la pasión, de guiarse por sus instintos. Se miran, se acarician con disimulo mientras ante sus ojos se muestra una ciudad mágica, colorida, musical. Pasan balcones floridos, palacios, puentes, iglesias. Cada rincón es de una extremada belleza que los seduce por igual. En realidad eso podía llevarse a ellos mismos. A Darío le gusta el cuerpo de Francisco. Es de una perfecta belleza seductora... y bueno Francisco está loco por Darío. Igual los dos guardan sus formas.
crucero
http://www.crucerosnet.com/royal-caribbean/splendour-of-the-seas/pid/50244--es/fiche_promo.html
http://www.youtube.com/v/s0uk5PYnm64&fs=1
a las 5 de la tarde están ante el imponente Splendour of the seas ... Darío está impresionado feliz y Francisco contento de ser él quien le haya promocionado esa felicidad.
--¡¡esto es mejor de lo que esperaba¡ --dice Darío feliz.
Francisco a su lado encantado de verlo contento. Cada paso es una nueva sorpresa para Darío. Centenares de empleados dispuestos a complacerlos. Se siente un rey. Se quedan maravillados ante todo lo que van viendo: restaurantes, bares, discotecas, tiendas.
--¡¡es como en las películas¡ --Darío contento.
Darío pone su mano en los hombros de Francisco:
--nunca te podré agradecer lo suficiente que me hayas elegido a mi para compartir esto.
Francisco no se anima a decirle cómo le gustaría cobrarse. Darío tampoco le da tiempo:
--¡¡vamos al camarote¡
y Francisco se va detrás de su trasero. Bien cachondo. Dos camas no muy separadas, 12 metros cuadrados.
--¡¡hay de todo, baño, tv, radio, teléfono¡ --Darío.
Se tumba en la cama:
--¡¡es comodísima¡
Luego se levanta. Darío mira todos los detalles. Francisco solo está pendiente de los movimientos de ese cuerpo que le encanta, que le tiene loco, que desea poseer.
--menos mal que es gratis, costaría una fortuna. --dice Darío.
--dímelo a mí --susurra Francisco.
--¿cómo? --Darío sorprendido.
--es una broma.
Darío se empieza a desnudar ante la mirada libidinosa de Francisco.
--¿vamos a nadar?
Francisco hace que sí con la cabeza aunque no se mueve. Es su sueño hecho realidad. Ya lo conoce bastante pero no del todo. Darío se queda en slips y Francisco casi se desmaya. Le gusta ver como se mueve. Y más cómo se mueve "aquello" dentro del slip. Darío le guiña el ojo:
--¿no te desnudas?
Darío habla mientras abre su maleta. Francisco se va quitando la ropa muy despacio. Desearía hacer el amor con él en ese momento pero quiere esperar. Quiere que además sea romántico. Darío agarra un bañador. Se nota el estupor en el rostro de Francisco cuando Darío se baja su slip y deja al descubierto sus bellezas ocultas. Muy coqueto, Darío le pregunta:
--¿es como esperabas o te decepciono?
Francisco no se esperaba que fuera tan descarado. Darío se le acerca muy sensual y Francisco está totalmente seducido y nervioso. Darío le acaricia el pecho y siente como Francisco se desvanece:
--¿quieres ir a nadar? o ¿prefieres hacer otra cosa?
Darío habla pícaro y con la lujuria en la mirada. Francisco traga saliva. Está ardiendo del deseo. Tantos días con las ganas y ahora no puede creerse que todo se dé tan fácil. Después de cómo lo miraba tan descarado ante su esposa, a Darío le hace gracia la cara de Francisco que parece que le va a dar un infarto. Darío acaricia los labios de Francisco y con una amplia sonrisa dice:
--al fin solos.
Darío acerca sus labios hacia Francisco que siente que vive uno de los momentos más felices de su vida.

















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