Darío agarra de la mano a su esposa. La mira dulcemente. Se sientan en la cama.
--si me quieres déjame ir...
Pese a la dulzura de su marido Lola no quiere que este viaje con Francisco:
--no..
Darío se levanta. Ya ha perdido la paciencia.
--¡¡pues por tu egoísmo no me quiero sin viaj¡
--¡¡si te vas no sé si estaré esperando¡
Los dos se miran furiosos esperando ambos el perdón del otro. Muy dolido Darío dice:
--tu misma.
y sale del cuarto. Alberto y Francisco están de celebración. Trata de disimular aunque Darío se da cuenta que lo han oído todo.
--¡¡no hemos oído nada¡ --dice Alberto.
--no te quiero meter en un lío con tu mujer --Francisco.
Darío le pone la mano en el hombro y muy dulce le dice:
--gracias a ti voy a lograr el sueño de mi vida.
Francisco sonríe. La mirada del uno se clava en el otro. Los dos se gustan. Aunque a Darío le preocupa su esposa no está dispuesto a renunciar al viaje. Eso sí, no quiere dar más motivos a Lola para estar molesta con él. Se distancia de Francisco y le pregunta:
–¿puedo dormir en el sofá?
Francisco así que sí con la cabeza. Darío se aleja y Francisco le mira el trasero con cara de depravado.
--¡¡Dios mío... que bueno está¡
Alberto le sonríe. Lo abraza por los hombros.
--pronto será tuyo.
Francisco está ardiendo. Es un volcán en erupción.
--ojalá no se arreglan. Nos conviene que no tengan sexo, así los pillamos con más ganas --Alberto.
Francisco está exaltado aunque contrario a Alberto él no quiere solo un revolcón. Aunque no le parece bien el engaño le gusta demasiado Darío y no quiere renunciar a tenerlo para él solo.
--si Darío se entera de la verdad,,,
Alberto no lo deja continuar:
--tú solo piensa en él y tú y 7 días solo para vosotros...
Francisco siente que el corazón se le va a escapar del pecho. Se asoma por el pasillo. Ve a Darío deambulando por el piso preocupado y siente culpa. Alberto de nuevo trata de calmarlo:
--hemos pagado una fortuna por acostarnos con ellos. Deberían sentirse halagados.
Como eso no hace sentir mejor a Francisco Alberto le dice:
--gracias a esto, tu Darío para a cumplir el sueño de su vida así que no puede quejarse.
Francisco se conforma.
--¡¡tú solo piensa en su cuerpo en bañador todo para ti¡ --dice Alberto divertido.
--venga no seas payaso.
--hablo en serio... a ver tu bañador...
Francisco le da una patada en el trasero a su hermano para que no se ría de él. Alberto va al armario de su hermano. Los bañadores de éste son muy antiguo:
–¿con ese bañador lo quieres seducir... ahora vuelvo?
--¿¿qué pretendes?
Francisco sigue a su hermano que le da un tanga. Los dos se ríen:
--es mi favorito.
--yo no me voy a poner eso.
--llévalo... por si él lo necesita...
Francisco y Alberto se miran con complicidad.
En la noche, Francisco no puede dormir. No ha vuelto a entrar en la habitación de Darío pero el tenerlo en el comedor es demasiado tentador. Como quien va a la cocina se lo queda mirando. Está tapado. Se lo queda mirando por si se destapa. Darío abre los ojos y Francisco se sofoca.
--¡¡iba a la cocina¡
Darío se sienta en el sofá procurando que no se le vea más que el pecho para no excitar a Francisco aunque su torso fornido desnudo es ya muy tentador. Darío le sonríe:
--no, tranquilo... no podía dormir.
Francisco se le acerca.
–¿me puedo sentar?
--claro es tu casa.
Francisco se sienta cerca pero sin tocarlo. Aunque está seguro de sentir el deseo de Darío no quiere hacer nada que lo haga dudar de acompañarlo en el viaje. Ya luchará por seducirlo cuando los rodee el mar y no pueda escapar.
–¿como estás?
--bien.
Francisco lo siente triste y eso le duele:
--A Lola se le pasará.
Darío no quiere preocupar a Francisco y éste desea acercarse a él. Le habla del viaje.
--tengo la información en mi cuarto.
Eso llena de ilusión a Darío. Francisco se la trae. Se sientan los dos juntos. Sus muslos pegados. Francisco está ardiendo. Mira a Darío enamorado. Darío sólo está pendiente del viaje.
--¡¡Venecia... tenemos que ir a Venecia¡
Darío deja ir su lado más tierno:
--siempre quise ir con mi pareja.
Francisco le pone la mano en la mejilla. Se deja llevar:
--Darío yo...
Los dos acercan sus labios para besarse. Los dos se estremecen. Darío le pone la mano en los labios y con ternura le dice:
--ahora no... déjalo para después...
Francisco cree que ha oído mal. Es la primera vez que Darío le da una señal tan clara:
–¿el que?
--tu sabes... --pícaro.
Francisco se excita:
--me estás diciendo qué...
Darío le guiña el ojo:
--hasta el viaje aléjate de mi.
Francisco está muy ansioso:
--¡¡a sus ordenes¡ --dice haciendo el saludo militar.
Los dos se miran riendo. Francisco se va a su cuarto. Se siente victorioso:
--¡¡se me hizo... se me hizo¡
Darío está ilusionado por su viaje y le gusta la compañía de Francisco.


















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