domingo, 4 de octubre de 2026

capitulo 47

 


Francisco y Darío hablan en cubierta.

--A mi me gustas mucho pero no le puedo hacer esto a Lola. No es justo para ella que tenga a mi amante en la misma casa en la que vivo con ella.

Francisco no puede entender su punto de vista:

--pero ya nos hemos acostado juntos.

--pero no somos amantes. Ha sido un sueño, algo pasajero que no volverá a pasar.

Francisco está muy triste. Darío, pese a que no muy lejos hay gente, le pone la mano en la mejilla. Es algo que sorprende a Francisco.

--es la última noche que pasamos juntos. Puede ser aburrido o divertido..Podemos perderla discutiendo o disfrutarla  haciendo lo que más nos gusta hasta el amanecer.






Es su séptima noche en el crucero Francisco y Darío no duermen, se la pasan haciendo el amor. Están los dos gozando de sus cuerpos cuando oyen que ya han tocado tierra. Darío quiere salir de la cama. Francisco lo abraza con fuerza:

--no te vayas, ¿porqué no nos quedamos un poco más?

Darío lo mira sonriente:

--No creo que a la tripulación ni al capitán les guste tenernos de polizones para siempre.

Francisco lo abraza con fuerza:

--No quiero que esto acabe. Han sido los ...

Darío lo calla con un beso. Francisco lo mira enamorado:

--¿y esto?

Francisco tiene la ilusión que Darío le diga que no quiere renunciar a él, que van a ser juntos. Darío se muestra amable pero le dice:

--es la única manera de callarte. No somos una pareja. No me gustan las palabras y en este momento no hay nada que tengamos que decirnos.

--¿eso quiere decir que todo acabo? --Francisco desilusionado.

Darío se aparta de él. Resopla. Se lleva las manos a la cabeza. Va buscando su ropa.

–nunca empezó nada. Soy un hombre casado y eso tú lo sabes. Yo nunca he dicho que iba a dejar a mi esposa. Tú lo has sabido desde el primer momento en el que te metiste en mi cama. No me puedes reprochar nada.

Francisco, muy triste, lo abraza por la espalda:

--tú buscarás otro hombre con el que descargarte ¿no?

No puede evitar sentirse celoso. Darío no le hace mucho caso. Nota sus celos pero no responde a ellos porque quiere que Francisco se dé cuenta que no tiene derechos hacia él.  Darío se sube el slip y agarrando el pantalón le dice:

--así es. Lo siento pero has sido uno de cientos. Para mí eres uno más. No eres diferente a los cientos de hombres que han pasado por mi cama. Ya nos sacamos las ganas pues a por el siguiente.

A Francisco le da mucha rabia la frialdad con la que lo dice. No se quiere quedar callado.  Agarra con fuerza a Darío hasta que lo obliga a girarse. Con desesperación le reclama:

--¿y porque no yo?

Darío se muestra tranquilo. Se aparta de Francisco. Se pone los jeans y sin perder los nervios le responde:

--porque tú no buscas un amante sino una relación y yo solo podría ofrecerte ser tu amante. Yo te agradezco este crucero y creo que he correspondido como esperabas. No me puedes pedir más.

A Francisco no le queda claro si Darío se ha acostado con él todas esas noches porque le apetecía o simplemente como agradecimiento. Bajan los dos juntos. Francisco se muestra distante.

--el que no podamos tener lo que tú quieres no implica que no tengamos una amistad.

Francisco lo desea y siente que lo ha amado durante todas esas semanas. Le duele mucho tener que vivir sin él. Muy dolido le dice:

--No, yo nunca podría ser tu amigo.

A Darío le gusta Francisco y ha gozado enormemente acostándose con él pero también valora su amistad y le lastima que Francisco no quiera ser su amigo. Decepcionado le dice:

--¡pensé que querías algo más de mi y no sólo unos cuantos revolcones¡

Darío se muestra molesta, se aparta de él:

--Nos vemos en el avión.

Y se pierde entre los canales de esa belleza ciudad. Francisco se queda muy triste.  Se golpea los puños furioso consigo mismo por haber estropeado los últimos momentos al lado de su atractivo compañero de camarote. Se encuentran ya en el aeropuerto. Van el uno hacia el otro. No se dicen nada, Francisco lo abraza con desesperación y Darío le responde con cariño.  Francisco siente un gran dolor en su alma:

--no sé cómo voy a hacer para vivir sin ti, sin poder besarte, sin tenerte en las noches. Después de todo lo que hemos vivido.

–¿quieres que me vaya de tu casa?

Darío le abraza afectuoso, acariciándolo. Con un hilo de voz Francisco le dice:.

--No, me dolería mucho no verte más.



Los dos se abrazan con intensidad. Francisco está muy triste. Darío se muestra cariñoso con él:

--yo te agradezco todo lo que me has querido pero no puedo darte más.

Francisco se aparta de él. Se traga sus lágrimas.

--no quiero tu compasión.

Darío trata de hablar con él pero Francisco se mete ya en el avión. Darío a su lado. Trata de hablar en el vuelo.

--tenemos que quedar de acuerdo en qué vamos a decir para que no sospechen nada. --Darío.

--Yo no soy un hipócrita como tú. Yo no voy a fingir .--Francisco dolido,

A Darío le sabe mal que después de los intensos días que han vivido tenga que regresar enfadados pero a Francisco le duele demasiado perder a Darío como para fingir. Mientras Francisco se ocupa del equipaje Darío va al lavabo. Está haciendo pis tan tranquilo cuando otro hombre se pone a su lado.

--vaya, que sorpresa...


,

Es Antonio Duque. Se conocen y por la impresión de Darío muy muy bien. Los dos hacen pis, mirándose deseándose.

--tal vez nos podemos volver a ver. --Antonio coqueto.

Darío se la sacude y la guarda. Se muestra tenso.

--estoy casado. No quiero que me vuelvas a lastimar.

Antonio se siente orgulloso de dejar huella en todos los hombres que seduce y Darío no ha sido una excepción. Darío no quiere caer en el juego de Antonio. están solos así que Antonio lo agarra de la mano. Disfruta viéndolo temblar. Muy seductor le dice:

--una vez dijiste que por mi lo dejarías todo... ¿aún estás dispuesto?

–¿de qué hablas? Eres tú el que nunca has querido algo serio.  --Darío nervioso y excitado.

--pero ahora podría querer cambiar de opinión.

Antonio habla muy seductor. Darío se muestra inseguro. No quiere que Antonio vuelva a burlarse de él aunque le gusta mucho.

--has sido el único hombre que me podía haber hecho hacer esa locura pero no quiero que me vuelvas a amargar la vida.

Antonio le guiña el ojo:

--si decides dejarlo todo,  a tu mujer a la que nunca has querido, e irte conmigo... ya sabes donde encontrarme.

Antonio se va dejando a Darío aturdido. Sale tras él para hablar pero al único que encuentra es a Francisco:

–¿te pasa algo?

--No, nada...

Darío está muy distraído. No hace más que pensar en Antonio. No le hace caso. Lo busca con la mirada pero no lo encuentra. Francisco no ve a Antonio pero éste si los ve y siente rabia. No le gusta ver a dos de sus ex amantes juntos y se propone y sabe que lo logrará: romper esa pareja. Darío se hace el dormido en todo el vuelo para no hablar con Francisco. Después de ver a Antonio menos que nunca le interesa nada con él. Francisco mira a Darío con lágrimas en los ojos. Es el final de los mejores días de su vida.



Francisco y Darío llegan a la casa. Alberto enseguida se lleva a su hermano.

--¿¿cómo te fue? ¡me lo tienes que contar todo¡

Lola y Darío no se atreven a mirarse. Ninguno quiere que el uno sospeche del otro.  Los dos quieren borrar de su recuerdo, de su cuerpo las huellas de esos gemelos. No se dicen nada. Se besan apasionadamente para sorpresa de los hermanos y se encierran en el dormitorio. Quieren que los oigan haciendo el amor salvajemente. A Alberto le da igual, a Francisco le duele. Alberto es muy cariñoso con su hermano:

--ven, vamos a dar una vuelta.

Compran un helado. Dan un paseo. Hablan de sus cosas.  Se parar mirando el escaparate de una tienda de deportes. Justo más allá hay una juguetería de la que sale Emilio con sus gemelitos. Ni los gemelos ven a Emilio ni Emilio los ve a ellos. El pequeño Alberto se ha quedado atrás. Su mirada coincide con la de su padre. Alberto siente algo muy especial. Se lo queda mirando. Albertito le sonríe y a Alberto le encanta y responde. Albertito sigue a su padre adoptivo. Emilio no se ha dado cuenta de la presencia de los gemelos. Alberto no sabe de dónde ha salido ese niño que le ha impresionado pero algo de muy dentro de él ha reconocido su sangre sin ni que lo sospeche.  No ve ni al otro gemelo más que de espaldas ni al calvo que los acompaña. Se queda mirando hacia donde se han ido emocionado. Francisco lo mira divertido:

--¿qué pasa? te has quedado embobado..

Como no lo entiende ni él, Alberto no sabe como explicarle los sentimientos que le ha removido ese pequeño que ha visto.



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