domingo, 4 de octubre de 2026

capitulo 38







Sigilosamente, Francisco se cuela en el dormitorio de Darío. Casi se desmaya de la impresión por la bella vista. Darío  durmiendo bocabajo con un pequeño slip. Además se ha destapado. Su trasero es perfecto y además las arruguitas que se le hacen muy excitantes. Francisco lo devora con los ojos. 

--¡¡que culo... cómo está el tío¡

Si la mujer de Darío no estuviese tan cerca Francisco no lo dudaría. Lo atacaría. Se muerde las manos porque le encantaría dar un masaje a ese lindo culito.  Darío se mueve. Francisco se sobresalta temiendo que el guapo hombre se despierte. No sabe qué explicación le daría si le sorprendiera contemplándolo casi desnudo. Darío se ha movido dormido. Se ha colocado de lado dejando ver un impresionante bulto genital que provoca las pasiones de Francisco. Le parecería un pecado que ese bellezón no fuera gay. Algo dentro de él le dice que sí, que tiene un lado gay,

--¡¡tiene que serlo¡ ¡¡lo siento¡

Francisco piensa que es muy conveniente para él que Alberto se quiera acostar con Lola .

--¡¡y ojalá sea pronto¡

Francisco no cree poder aguantar mucho tiempo viviendo con ese hombre tan atractivo sin tener algo con él. Le atrae mucho sexualmente pero también se quiere controlar porque no quiere que Darío piense que es lo único que le interesa. Necesita ese desahogo para sacarse las ganas pero Darío se ve simpático, agradable y buena gente.  Después de acostarse con él Francisco quisiera poder descubrir al hombre que hay detrás de ese guapo. No quisiera tener que irse, lo que ve es una delicia. Le gusta mucho pero se está arriesgando demasiado.

--No eres un adolescente, macho ¿qué te pasa? --se reprocha.

Francisco sale del cuarto. Desde la puerta lo ve de nuevo. sigue de lado. Francisco suspira fascinado.

--¡¡que bueno que está este tío¡

No se da cuenta que en realidad Darío no dormía. Sonríe sofocado.  Le gusta el deseo de Francisco. Le hace sentir importante pero lo que no le gusta es que su esposa esté tan cerca. Además Lola  ya no está muy tranquila y  Darío no le quiere dar motivos para molestarse.  Francisco se mete en su cuarto. Justo oye que Lola  y Alberto salen hablando de la cocina. Se han hecho muy amigos muy pronto. 

--ojalá con Darío fuera igual.

Francisco desea su cuerpo pero también su amistad pero tiene esperanzas:

--conociendo a Alberto pronto se la tirará. Ese matrimonio tiene los días contados.

Francisco no puede dormir. No deja de pensar en el cuerpo casi desnudo de Darío.

--Cuando Darío esté libre de Lola  será más fácil que pueda ser para mi.

Francisco casi ni se reconoce. Nunca ha sido tan lanzado o almenos no lo recuerda pero es que Darío despierta su lado más salvaje. Lola  se aferra al cuerpo semidesnudo de su esposo. Quiere volver a hacer el amor.

--No, tengo mucho sueño.

Darío se da la vuelta. Lola  le acaricia la espalda. Va bajando hacia donde pierde su nombre:

--solo uno rápido.

Pero el hombre ya no contesta. Quiere que piense que está dormido. Lola  se queda frustrada y sin saber exactamente porque se sorprende pensando en Alberto. Le encanta el cuerpo de su marido pero el de Alberto no está nada mal. Tiene curiosidad de saber si desnudo lucirá tan o más atractivo que su esposo. Lola  se escandaliza: ¡¡una mujer casada no puede pensar en otro hombre¡ pero Alberto la inquieta y mucho. Y Alberto se ha dado cuenta. Su plan está saliendo bien.  Sonríe con cara de travieso. Ni Darío ni Francisco pueden dormir. Francisco siente que va a enloquecer de deseo y a Darío le pone nervioso estar viviendo con dos personas que lo desean. No deja de pensar en Francisco:

--¿qué voy a hacer contigo?



Francisco y Darío pasan muy mala noche. Son los primeros en levantarse. Los dos a la vez van hacia la ducha. Darío es el primero. Se sorprende al ver que la puerta no hay cerrojo y la mampara de la ducha trasparente  y cerrado. No hay manera de cubrir la vista:

--desde luego que van a lo que van.. --dice divertido.

Se baja el slips. Está tranquilo porque todos duermen. Antes de que se abran los grifos, Francisco se mete en el baño medio dormido. No se da cuenta que está ocupado.  Se encuentra con el cuerpo desnudo de Darío de perfil. Los ojos se le abren como platos.  Se le pasa el sueño de golpe:

--¡¡madre mía¡

Darío se pone nervioso. Están jugando con fuego . Se tapa sus bellas partes céntricas con una mano mientras que con la otra busca la toalla. 

--¡¡¿se puede saber lo que haces aquí?

A Darío le gusta que Francisco lo desee pero no que lo acose. Además piensa en lo que pensaría Lola  si los viera en el baño. Uno desnudo y el otro en boxers.

--bueno, estamos acostumbrados a entrar sin tocar... No sabia que estabas aquí...

Darío se sofoca porque teme que Francisco lo meta en un lío con su esposa.

--¡¡que te quede claro una cosa... no soy gay¡

Francisco se siente despreciado y eso le duele por eso le contesta con indiferencia:

--¿y?¿es que me tiene que importar? Creo que has malinterpretado mi amistad.

Darío lo mira incrédulo. Le molesta mucho que ahora lo trate de malintencionado. Habla su furia:

–¿y porque me espías en la noche?

Francisco se siente descubierto y avergonzado. Trata de negar lo evidente.

--¡¡no es verdad¡

A Darío le gustaría que Francisco fuera almenos valiente y le reconociera en su cara las cosas, que lo niegue aún lo saca más de sus casillas:

--¡¡te he visto... te gusta verme en bolas... ¿¡te gusta espiarme?¿eres un pervertido?

Francisco se siente muy humillado.

--¡¡te juro que no te volveré a mirar, que por mi ni existes¡

Francisco sale del baño dando un portazo. A Darío ahora le duele haberlo lastimado. Lo llama, la dice que espere pero Francisco lo ignora. Ha entrado en su cuarto. Darío se siente rabioso consigo mismo por enojarse. Le pone nervioso la presencia de Lola  pero le gusta lo que siente cuando lo mira Francisco.








Francisco evita a Darío durante todo el día. Ni lo mira y a Darío le duele pero no hace nada para cambiarlo.  Alberto y Francisco hablan a solas. Mientras Alberto está contento porque cada vez Lola  está más cerca de él, Francisco tiene que lamentar que Darío se aleje de él. Alberto pone su mano en el hombro de su hermano:

--te lo dije. No es gay. Lola vivía desde hace años con un primo suyo. Es muy afeminado pero tiene hijos. Darío no quiso vivir con él y por eso se quedaron en la calle. No es gay y no le gustan los gays. Yo diría que es homófobo 

--yo siento que sí es gay y bien gay... --triste.

--¿y que vas a hacer?

--esperar a que tú le quites a Lola ...

Los hermanos se miran con complicidad.

--eso será muy pronto. --Alberto pícaro.

Se abrazan. Alberto siente triste a Francisco y eso le duele. Si acostarse con Lola  puede ayudarlo pues es una razón para gozarlo más.



Después de la cena, Francisco y Darío se encuentran a solas en la cocina. Francisco ni lo mira y a Darío le duele.

--no te vayas.. --le suplica Darío.

Francisco se queda en la puerta de la cocina. La voz de ese guapo lo hace temblar pero no se gira.

--No te quiero incomodar --dice irónico.

--¿¿porqué tienes que ser así? ¿es todo o nada? --se queja Darío.

Francisco se da la vuelta. Se muestra herido:

--Me has acusado de pervertido... ¿lo recuerdas?

--perdóname pero entiéndeme,  está mi mujer. ¿que crees que pensaría ella?

La dulzura de Darío atrapa a Francisco. Los dos se miran y se hablan con cariño:

--lo siento. No me pude controlar pero te juro que no volverás a tener queja de mi.

--pero no quiero incomodarte, me gustaría ser tu amigo, si crees que no puedes me iré de tu casa.

--¿harías eso? ¿tanto te molesto?

--No es por mi, es por ti. Si te molesto yo...

Francisco le mira con cariño:

--no a mi no me molestas.

Darío extiende su mano y sonríe:

--¿amigos?

La sonrisa del uno tiene muy seducido al otro.

--amigos.

encajan sus manos y se abrazan. Ambos se estremecen. Les gusta estar juntos. Sienten que llega Lola  y se separan. Se miran con frustración. Darío desea los labios de Francisco, quisiera poder dejarse llevar pero no quiere convivir con su esposa y su amante.

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