Aunque a Silvestre le gusta mucho Francisco y son de la misma edad prácticamente a Silvestre le interesa seguir dando clase de deporte en el instituto en la que aún tiene que asistir por un año más Francisco. No quiere arriesgar su puesto de trabajo si los llegan a descubrir. Alberto (ya vestido y de hombre) llega a los vestuarios justo en el momento que su hermano se está acabando de vestir triste.
--¿¿¡como te fue?¡
Aunque a Alberto le cuesta un poco hablar de chicos con su gemelo lo adora a Francisco y quiere que se sienta apoyado. Francisco está muy avergonzado.
--¡¡me porté como un imbécil¡ ¡¡no voy a poder mirarlo a la cara nunca¡
Alberto sonríe a su hermano. Lo abraza con mucho cariño:
--ya, olvídalo. La próxima vez tendrás más suerte.
Francisco nunca se había atrevido a tanto y está algo nervioso:
--¿y si me acusa?
Alberto acaricia a su hermano muy fraternal:
--¿y qué va a decir? No se va a atrever. Y en todo caso nunca hemos estado separados.
Los dos hermanos van hacia su habitación abrazados por los hombros.
Al día siguiente aunque no le dice nada, Silvestre busca con disimulo la mirada de Francisco pero el joven no se atreve a mirar a los ojos al jovencísimo profesor por miedo a delatarse. Alberto está a su lado pero está preocupado por Olga que lo ignora.
--¿en serio te la tiraste? --pregunta Francisco.
Alberto hace que sí con la cabeza muy dolido. Francisco conoce a su gemelo. Sabe que no miente. Piensa que no le gustaría que le pasara eso con Silvestre, que no le gustaría acostarse con él y que luego lo ignore. Olga queda algo retirada en una tienda mientras compra unas postales. La mujer está algo distraída y no se da cuenta que Alberto agarra a la vez que ella una postal y le toma de la mano. Los dos se miran con sensualidad. Los dos arden. El tono de él es de deseo pero a la vez de reproche.
–¿es que me piensas evitar siempre?
Olga mira para todos los lados para asegurarse que nadie los ve:
--es una locura... ¡¡soy profesora¡¡¡
Alberto se acerca a ella peligrososamente seductor:
--no estamos en el instituto.
Olga se derrite pero le da un pequeño empujón antes de caer en sus brazos
--¡¡es lo mismo, están tus profesores¡¡me van a hacer un escándalo¡
A Alberto le gusta mucho su profesora y no se piensa dar por vencido. Olga se aleja aturdida ya que siente el fuerte deseo de él. Francisco se acerca a su hermano y con cariño le dice:
--si ya has obtenido lo único que querías de ella... ¿para qué insistir? Te ha salido bien. Nadie se ha enterado.
Alberto mira a su hermano sofocado:
--¡¡porque me gusta y esto termina cuando lo digo yo¡
Francisco acaricia a su hermano fraternalmente:
--¿eso es lo único que te mueve? ¿el orgullo? ¡puedes meterte en un lío y sólo porque no eres tú quien la dejas¡
Alberto no quiere aceptar que las cosas son como las dice su hermano.
--¡no es eso... tú no lo entiendes¡¡
Como tampoco tiene ganas de darle explicaciones, todo con cariño, le pega a su gemelo un pequeño empujón a su gemelo:
--¡¡mariquita el ultimo¡
y salen corriendo el uno detrás del otro persiguiéndose bien divertidos. Y Emilio los devora con los ojos. Son ojos ansioso. Ansiosos de amor y de sexo. Ansiosos de esos cuerpos. Ojos frustrados por su soledad y porque está seguro que nunca no solo no los tendrá a ninguno de los dos sino que ni siquiera se dará el gusto de verlos desnudos. Los chicos corriendo hacen que sus traseros, sus genitales se muestren de una manera muy sexy.
En Roma se está jugando el mundial de fútbol y esa noche juega España. Los futboleros del grupo animan a su país y Alberto es uno de los más efusivos y grita España como loco. A Emilio le gusta como se comporta. Lo ve amable. No es tan agresivo como parece. Le hace gracia la forma tan alocada en la que se comporta. Alberto se ha quitado la camisa y se ha colgado al cuello en plan capa de superman la bandera de su pais a la vez que grita !España! como un loco. Emilio lo mira con excitación. Lamenta que sea de noche y no poder disfrutar de ese cuerpo de escándalo en todo su esplendor. Como no se atreve a entrar en los vestuarios está seguro que eso es lo más desnudo que podrá ver a los gemelos y aunque lo disfruta hubiera preferido ver ese torso desnudo a la luz del día. Otra que en la sombra se está excitando mucho es Olga. El alumno le gusta mucho. Nunca lo ha visto desnudo y lo que ve le gusta. Es Francisco el que le dice:
--tu profe no te saca los ojos de encima.
Alberto la mira contento pero ella le gira la cara. Igual Alberto se queda con el comentario de su hermano y eso le basta. Cuando llegan al albergue se dispone a abordar una vez más a Olga. Le pide ayuda a su hermano.
--¡¡esto es una locura... si lo llego a saber no te digo nada¡ Alberto pone cara de bueno:
--yo lo haría por ti.
En realidad Francisco no tiene que hacer mucho. Alberto sale del vestuario de chicos maquillado y Francisco delante de él muerto de la risa para que se oculte mejor. En el hall Alberto se queda escondido en un rincón. Se saca la falda que tiene por dentro de los jeans y se pone la peluca. Pone voz afeminada y le dice a su hermano riendo:
--¿¿estoy guapa?
Riendo Francisco hace como si le fuera a dar una patada ahí. Se ríen.
--deséame suerte.
--La vas a necesitar.
Alberto se va sofocado y Francisco se queda preocupado.
Olga se ha quedado la última en la ducha. Está segura que Alberto no tardará. La joven Alberta está pendiente de todos los que salen. Supone que Olga está en los vestuarios y entra. Se alegra al ver que está sola. Se acerca a ella. La mira con un fuerte deseo.
--¡¡eres una diosa¡
La desnudez de su guapa profesora hace que se olvide de todo. Desea desnudarse para ducharse con esa mujer. Quiere que ella desea su cuerpo tal y como él desea el de ella. Olga enseguida lo para.
--¿estás loco?
Lo agarra del brazo. Se desean y se miran ardientemente. Se encierra en uno de los wáteres y ahí dan rienda suelta a la pasión. Ella lo desnuda. Recorre su cuerpo. Están más tranquilos y gozan más. Alberto se vuelve a vestir satisfecho:
--ahora ha ido mejor ¿no?
Olga ya no le hace caso:
---¡¡ahora vete... que nadie te vea¡
Ella es muy fría con él y a Alberto le duele:
--¿¿¡que demonios haces?!
Olga lo que menos quiere es que el chico le haga un escándalo. Se va dejándolo con una sensación agridulce.
Mientras, Francisco está al pendiente de Silvestre. Sabe que está en los vestuarios. Desnudo. Quiere verlo de nuevo, quiere estar con él pero le preocupa ser descarado. Se lo piensa tanto que Silvestre acaba saliendo ya. Le sonríe y lo saluda con cariño. Francisco se maldice por haber perdido la oportunidad. En eso que llega Alberto medio disfrazado y muy enojado. Da patadas a la pared. Francisco y Alberto se duchan juntos mientras comparten confidencias. Al día siguiente, Alberto espera a Olga que baja del sector femenino. Él la trata con familiaridad y ella es fría:
–!soy tu profesora¡
--anoche me decías eso... --dice sensual.
Olga lo ignora entonces él le agarra del brazo:
--¡¡no pienso permitir que por el día me ignores, y luego me quiera hacer el amor¡
--¡¡puesto esto es lo que hay¡
--¡¡no te pienso ir detrás¡
Alberto se va molesto y decidido a no volver a acercarse a ella. Así se lo dice a su hermano.
--¡¡ahora tendrá que ser ella la que me busque¡
En la tarde en el albergue, Olga lo espera. Alberto, para no caer en la tentación se va el primero a la habitación después de ducharse. Sale desnudo por los pasillos sin ningún tipo de complejo. Va hablando con un amigo. Emilio sale de su habitación para ir al hall. Cree que ve visiones cuando un desnudo Alberto se está acercando hacia él. Sufre un fuerte impacto.





















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