Darío se viste ante la atenta mirada de su esposa que sigue desnuda. A Lola le encanta el cuerpo de su esposo. Le gusta desnudo, le gusta mientras se desviste, le gusta ver como se cubre sus bellezas, como se abrocha los pantalones, como se sube la cremallera. Aunque con cariño, Darío regaña a su esposa:
--venga, no podemos seguir como si no estuviéramos escondiendo.
--en realidad no estamos escondiendo del...
Por el desprecio con el que habla, Darío sabe que se refiere a Francisco.
--no nos conviene que nos echen así que mejor no sigas y te olvidas del tema.
A Lola le parece que lo está defendiendo y eso le molesta. Se incorpora en la cama.
--¿es que te gusta que un hombre te desee? Porque te recuerdo de nuevo que me obligaste a dejar la casa de mi primo porque según tú es maricon y no te miraba como Francisco.
Darío se lleva las manos a la cabeza:
--¡¡no sé de donde les salieron los gemelitos pero tu primo es maricon, maricon¡ ¡¡no lo quiero cerca¡
--¿y porqué a Francisco sí?
Aunque le incomoda que lo haga delante de su esposa, a Darío le halaga que Francisco se sienta atraído hacia él.
--¿que crees que me va a hacer?
--¡¡a saber, menos de lo que te haría mi primo¡ --Lola pone mala cara.
Aunque sí le ha parecido demasiado descarado y más con su esposa delante pero en el fondo le ha gustado.
--no me hará nada.
--¡¡por si acaso no te le acerques¡
--¿es que no estás segura de mi? --dice él divertido.
--No dudo de tu hombría pero no me gusta que otro hombre mire a mi esposo de esa manera. Si mi primo te hubiera mirado un diez por ciento de como te miró ese degenerado yo misma le rompo la cara y nos vamos sin que tú me lo pidieras pero mi primo siempre fue muy respetuoso, todo lo contrario de ese degenerado.
Darío se da la vuelta para que su esposa no lo vea sonreír con el rostro iluminado. Darío se muestra sexy ante su esposa:
--quédate tú aquí encerrada, yo piensa hacer vida normal. Yo tengo muy claro quien soy como para preocuparme de estas tonterías.
Lola le suplica que no salga, que la espere pero Darío no le hace caso. Alberto está escuchando tras la puerta y disfruta con esta pequeña desavenencia. Alza su brazo en señal de victoria.
--mira por dentro me vendrá bien que mi hermano se haya colgado de ese imbécil --dice para sí satisfecho.
Darío casi se choca con Alberto al salir de su cuarto. Lo mira sorprendido.
--¿buscabas algo?
Alberto hace el que iba a tocar a la puerta.
--No, quería ver si necesitabais algo..
--Yo no, no sé Lola ...
Darío pasa de largo. Alberto siente como si el esposo le hubiera dado permiso para entrar en el cuarto de Lola . Se repeina bien:
--¿se puede?
--un momento.
Lola se cubre con una bata. Alberto quiere mostrarse como el mejor anfitrión pero se le van los ojos tras esa mujer. Sólo piensa en una cosa: tirársela. Darío entra en la cocina. Está Francisco de espalda. Sonríe travieso, luego se pone serio:
--Buenas... --le dice.
La sensual voz del guapo joven hace vibrar a Francisco. Lo mira. Ahora que lo vuelve a ver le gusta aún más. Su cuerpazo es de infarto.
--buenisimas...
Francisco no disimula el deseo que siente hacia Darío. A Darío le gusta que lo deseen pero está bastante nervioso. Le preocupa que salga su esposa y vea como se deja coquetear por un hombre. Francisco siente que Darío lo está correspondiendo y por eso aunque sabe que está casado no piensa renunciar a seducirlo. Se muestra muy amable, pendiente de él.
--¿que necesitas?
--quería agua.
En seguida Francisco se dispone a servirla.
--no hace falta...ya lo hago yo.
Pero Francisco se niega.
--tú eres el invitado...
Darío toma el vaso. Sus manos se rozan. Francisco vibra, su mirada atrapa a la de Darío siente que a él también le están pasando cosas. Darío se toma el vaso. Francisco no sabe si son manías suyas pero lo nota muy sensual:
--¿y si me está provocando? ¿y si lo beso? --dice para si.
Lo haría si no corriera el peligro que lo rechazara y la esposa le hiciera un escándalo. Tampoco quiere que cree que lo que busca es un revolcón. El chico le gusta y mucho pero no quiere que sea uno más. Darío deja el vaso con los platos sucios. Al moverse se le hace una arruguita muy sexy en el trasero. Además Francisco lo tiene a tocar de su mano. Está ardiendo. Francisco se quiere desvivir por él. Lo quiere atender a cuerpo de rey. Le ofrece de todo, solo le falta decirle que es su más fiel esclavo.
--¿qué pretendes? --le reprocha.
A Darío le gusta sentirse deseado pero tampoco quiere poner en peligro su matrimonio. Francisco ve a Darío algo serio y frena un poco sus lances.
–¿es que no puede ser amable?
--si solo es eso...
--¿y que más iba a ser?
Francisco le guiña el ojo. Lo desea y Darío lo siento.
--mejor lo dejamos aquí..
Darío sonríe y esa sonrisa fascina a Francisco. Darío sale y Francisco lo sigue seducido:
--¿es que te pasa algo conmigo?
Darío se muestra amable con él:
--prefiero que cuando mi esposa esté me mires lo menos posible. Mi mujer cree que es gay y le molesta que me miras.
--Soy gay y no puedo evitar mirar a un hombre que es atractivo.
La intensa mirada de Francisco hace temblar a Darío de excitación:
--soy casado ¿sabes no? --dice con ironía.
--como olvidarlo... --murmura Francisco.
Darío está sofocado pero también excitado. Lola y Alberto salen de la habitación riéndose. Darío se aparta de Francisco.
--ellos se han hecho muy amigos... ¿porqué no nosotros?
Darío no le dice nada. Sólo le guiña el ojo y va hacia su esposa. Francisco está muy ansioso. Se siente como un adolescente.
--¡¡le gusto... le gusto¡ --dice para sí.
Los gemelos se miran con complicidad.
Alberto trata de pegarse a Lola todo lo que puede. Francisco hace lo propio con Darío. Lo ve agachando mirando la colección de dvd's de los hermanos. Las curvas del chico tienen totalmente enloquecido a Francisco.
--puedes elegir las que quieras. Todo lo que hay en esta casa es para todos.
--Gracias.
Darío elige un par para ver en la noche con su esposa en el portátil que tienen. Francisco está tan pegado a él y justo que sus cuerpos se rozan. Francisco tiembla de deseo y siente vibrar a Darío. Está seguro que está sintiendo algo por él aunque se muestra duro.
En la noche ninguno de los dos gemelos puede dormir. Aunque no son muy altos los jadeos de la pareja los llenan de celos. Tanto Alberto como Francisco quisieran estar ahí, quisieran romper esa pareja. Francisco está muy sofocado.
--¡¡no me puedo comportar como un adolescente¡ ¡¡no puedo¡
Oye movimientos, primero sale ella. Luego sale Darío y Francisco quisiera salir como quien no quiere la cosa para ver que tal desnudo sale Darío. Su cuerpo vestido es impresionante.
--¡¡desnudo tiene que ser un Dios¡
Francisco nunca sintió tanto placer como imaginándose el cuerpo desnudo de su nuevo amor. Alberto sí ha salido y se ha encontrado con Lola en la cocina. Ha cerrado la puerta. Francisco está convencido que Alberto ya se las ingeniará para no dejar irse a Lola pronto. La tentación es demasiado grande como para evitarla. Sigilosamente va hacia el dormitorio de los inquilinos en boxers y dispuesto a todo.












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