jueves, 1 de octubre de 2026

Capitulo 2



Francisco mira sorprendido a su hermano. Le cuestiona sobre sus sentimientos por la profesora.

--¿te gusta?

Alberto no quiere que su hermano se ría acusándolo de perseguir un imposible y nervioso dice:

--claro que no.

Francisco se da cuenta que, a lo lejos,  la profesora lo está mirando con deseo. Alberto la mira sonriente. Le pone nervioso como lo mira pero a la vez le gusta. Francisco se lleva las manos a la cabeza.

--¡¡Os podéis meter en un lío¡

Alberto sonríe con una timidez impropia de él:

--¿y si yo le gusto que culpa tengo?

--¡¡puede ser nuestra madre¡ --Francisco casi escandalizado.

Alberto se muestra sonriente:

--exagerado, no debe tener más de 10 años más que nosotros.

–¿y te parece poco?

Alberto no dice nada.  Mira fascinado hacia donde se ha ido la chica. A Francisco le preocupa que su hermano se meta en algún lío.




Los gemelos se separan porque Francisco tiene clase en el aula de Emilio.  A Emilio se le ilumina la cara al verlo entrar. Se estremece. Suspira al verlo.

--¡¡que guapo es¡ ¡¡que guapo es¡ --dice para si.

Nunca se han dicho nada. Ni saludarse. Francisco normalmente llega cuando ya todo el mundo está en sus pupitres pero en esa ocasión no hay nadie más. ¡¡Están los dos solos¡ Es una situación que Emilio solo en sueños. Está muy nervioso. Al estar solo Francisco se queda frente a Emilio. Francisco nunca se ha relacionado con nadie del aula y quiere dar conversación a Emilio pero entre que es tímido y está muy nervioso (por el deseo) pues como que la cosa no le es fácil. A Emilio lo ha sorprendido con un libro en la mano que estaba guardando en su bolsa. Así que Francisco se aferra a eso para tratar de sacar unas palabras. Se muestra amable y muy sonriente.

--¿¿qué libro es?

Emilio no puede ser más antipático. Bruscamente y sin ni mirarlo le dice:

--es un diccionario, de inglés.

Está loco por Francisco. Ha deseado tanto tener un acercamiento con él pero los nervios lo traicionan. Francisco siente que Emilio se lo quiere sacar de encima. Muestra una sonrisa forzada ya que se ha quedado cortado por el rechazo y se va a su sitio. Al fondo. Emilio se había quedado como en shock y ahora que ha pasado es cuando reacciona y se maldice así mismo por lo que ha hecho. No se atreve a mirar hacia atrás porque tampoco quiere que Francisco se dé cuenta que lo desea pero si le da mucha rabia que crea que le es indiferente cuando se muere por él.

--¡¡el momento que yo más deseaba y voy y lo echo a perder¡ --se dice para sí.

Emilio está muy enojado consigo mismo.

--¡¡ahora no va a querer hablarme nunca más¡ -dice para sí.

Emilio ha pasado meses imaginando el día en el que el chico de sus sueños le dijera algo y ahora le duele que los nervios le hayan dejado en ridículo pero está demasiado nervioso como para hacer algo. A Emilio le da rabia que ahora que Francisco había dado un primer paso él haya cerrado la puerta de golpe. Está convencido que Francisco no le mirara a la cara nunca más pero aunque ensaya mil maneras de cómo podía hacerlo ser él quien se le acerque no está en sus planes.  Le daría demasiada vergüenza.




Al día siguiente, Emilio no tiene clase a la primera hora. Les toca gimnasia y él no hace por un problema en los pies que le hace caminar torcido. Le apetece comer algo dulce para el desayuno y no tiene ganas de vestirse. Va en bata de dormir.

--total, para ir a la esquina...

Es justo la hora en la que la mayoría va a clase. Sabe que se puede encontrar con un grupo de chicas de su clase. De hecho las ve llegar. Y como ellas pasan por el centro de la acera pues Emilio se pega bien a la pared para no ser visto. No le preocupa como salir a la calle pero tampoco quiere dar motivos a los de su clase para que se rían de él. Justo en ese momento se pone rojo como un tomate ya que se topa nada más y nada menos que con Francisco. Aunque siempre le ha gustado verlo no es el mejor momento.  Si ha visto a Francisco alguna vez por su barrio. Sabe que vive en la misma calle pero no habían coincidido nunca de cerca y pensaba en cualquier cosa menos en verlo a él. Siente que está haciendo un papelón, quisiera que la tierra se lo tragara.  A Francisco le encanta la situación y lo saluda divertido.  Eso anima mucho a Emilio. Lo saluda tímido pero procurando ser amable. Le quiere hacer sentir que es receptivo por si otra vez se le quiere acercar. Francisco pasa de largo y a Emilio se le olvida el resto. Regresa a su casa. Para dulce ya lo ha visto a él y no necesita nada más. A solas en su casa no deja de sonreír pensando en Francisco.

--¡¡que guapo es¡ ¡¡¡es el mas guapo¡ ¡¡no hay nadie mas guapo que él...¡

Se tiene que corregir porque recuerda a Alberto que aunque su expresión de cara es más agresiva de cuerpo el uno es un calco del otro. Pero a Emilio le gusta Francisco. De eso no le queda ninguna duda. Salta en la cama contento. Hechizado por la belleza y la sonrisa de él.

--¡¡me gusta¡ ¡¡me gusta¡

Su abuela entra en el cuarto.

--¿qué haces? --sorprendido.

Emilio sonríe tímido.

--nada... --dice dejándose caer en la cama.

La anciana no le dice nada. Nunca había visto a su nieto tan feliz y eso le gusta. Emilio siente que el corazón se le va a salir del pecho. Se muere de ganas de ir a clase para volver a verlo. Espera que Francisco se vuelva a acercar a el, que le habla.

--¿¿será él mi príncipe azul? --se estremece solo de pensar que pudiera llegar a pasar algo entre los dos.

Emilio entra en la ducha y se masturba pensando en Francisco pero acaba imaginando que se la mama a Alberto lo que lo confunde.



Alberto llega más tarde que su hermano a clase. Justo en el patio de la escuela se encuentra con la  profesora que salía de su auto. No se dicen nada. Alberto la sonríe, ella también. Los dos se ruborizan. Se gustan pero tratan de frustrarlo. Ella porque no le conviene, porque perdería mucho si la sorprenden seduciendo a un alumno menor de edad. Alberto no quiere precipitarse. No quiere dar un paso en falso y que sus compañeros se rían de él.  De los nervios y la excitación a la profesora se le caen las llaves del auto. Alberto se apresura a agacharse y dárselas. La profesora se queda quieta. El sonríe. Ella sonríe.

--buenos días, señorita Olga --dice él muy coqueto.

Olga se derrite. Vibra al sentir el cuerpo del guapo alumno.  

--buen días... --dice temblando.

El aroma de él la hace estremecer. Siente que si está mucho rato con el se va a descontrolar. Lo mira con un deseo que aunque trata de reprimir no lo logra. Alberto responde de la misma manera. Se queda quieto mirando con una sonrisa picara como Olga desaparece. Antes de entrar en el edificio la mujer se gira.  Enrojece al encontrar con los ojos de Alberto que la siguen. Olga entra deprisa y sofocada. Alberto avanza lento pero sonriendo satisfecho.





Al rato es Emilio el que llega al instituto. A última hora le toca clase de literatura. Está deseando encontrárselo. La mañana se le hace muy larga  esperando ese momento. Francisco llega puntual. Pasa por el lado de Emilio.  Francisco le sonríe con una sonrisa bien simpática. A Emilio se le cae la baba. Le da pena que el chico no le diga nada más pero está totalmente flechado. Francisco no participa mucho en clase pero a Emilio le encanta cuando lo hace porque le da la excusa perfecta para girarse a mirarlo. A Emilio le fascina su sonrisa de orgullo cuando es el único en saber una pregunta de la profesora. Aunque cada vez que lo ve Francisco lo saluda muy amable Emilio no se atreve a acercarse a él. A Emilio le tiene muy enamorado su sonrisa aunque le da mucha rabia haber perdido la oportunidad de hablar con él.  Como trabajo de final de curso tiene que leerse y comentar una novela del siglo XX. Francisco elige  "Tristana", de Benito Pérez Galdós. Emilio lee el mismo con la esperanza que le diga algo pero nada. Francisco no se anima. Siente que a Emilio le molesta y no lo quiere hacerle sentir mal. Acaba el curso y Emilio se queda con la sensación agridulce de no haber hablado con él. Aunque seguirán un curso más en el mismo instituto toman caminos diferentes y les será más difícil coincidir. Aún tiene una oportunidad de estar con él. El viaje de fin de curso. Aunque no le apetece hacer un viaje donde se sentirá solo siempre tiene la esperanza de que Francisco se le acerque. El viaje es días después... a  Roma y alrededores.  Francisco y Alberto llegan bien contentos y juntos. A los dos les sorprende ver una de las profesoras que les acompañara. ¡Olga¡ Alberto no la había visto.   Francisco le da un golpe en el hombro a su hermano:

--¿has visto eso?

Alberto alza la mirada y se encuentra con los ojos de Olga. Profesora y alumno se sonríen con los ojos. Ambos están encantados de verla. Francisco se queda algo preocupado.

--¡¡ojo con lo que haces¡

Alberto mira a Olga y con una sonrisa pícara y sin dejar de mirarla a ella le dice a su hermano:

--oportunidades no me faltaran para verla a solas...

Francisco se queda preocupado. Alberto y Olga, en la distancia, no dejan de mirarse y vibrar. Al subir al autocar, Alberto pasa por su lado. No se dicen nada pero se miran a los ojos y saltan chispas.

--se van a dar cuenta todos. --le susurra al oído.

Los gemelos se sientan juntos. Olga está nerviosa. Excitada. Se siente una adolescente más. No solo por estar entre ellos sino por la presencia de Alberto que la altera y le hace sentir bien sabroso. Como siempre en todas las excursiones Emilio no tiene acompañante. Se sienta solo en el autocar algo que lo hace sentir discriminado. Al llegar al albergue  quisiera que la suerte lo tocara en la misma habitación que Francisco (y Alberto). Las habitaciones son en grupo de 10. Emilio se queda solo y es colocado en el grupo de menos gente (8) y salvo uno que no está mal los más feos del grupo. Para descansar del largo viaje todos se dan una ducha. Son enormes los vestuarios. Hay cabida para todos. Carlos entra envuelto en la toalla. Los gemelos están juntos en un rincón. Mientras Carlos se saca la toalla dice con ironía:

----espero que ningún maricon entre en la ducha...

--El Emilio ese que esta con nosotros en nuestro cuarto es maricón fijo pero seguro no se atreve a venir... --dice uno de los compañeros de Emilio.

Carlos fija su mirada en Francisco:

--sí, espero sea el único. --con ironía.

Francisco no hace caso. Alberto lo mira molesto.  Emilio se ha quedado solo en la habitación. Ver desnudo a Francisco sería un sueño hecho realidad pero no se anima. Le da vergüenza que sus compañeros lo vean desnudo y se rían de sus pequeñeces. Está excitado y se masturba pero no lo hace pensando en Francisco sino en Alberto.








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