lunes, 5 de octubre de 2026

capitulo 50

 







Darío y Antonio han fornicado como bestias. Están agotados en la cama. Se miran con una sonrisita picara. Resoplan. Se alaban mutuamente, que si ha estado genial, que si eres fantástico. Antonio enciende un cigarro. Se queda mirando al techo. Darío apoya parte de su cuerpo en el pecho de su guapísimo amante. Lo mira con amor y con deseo. También con miedo.

--¿Y ahora qué? ¿te vas a volver a ir?

Antonio no lo mira. Sonríe y entre calada y calada le dice:

--No me puedo ir. Estoy en mi casa.

Darío le besa en el pecho:

--sabes lo que quiero decir.

Antonio lo sabe pero no aclara nada. Le encanta jugar con los hombres. Antonio se levanta, muy coqueto sale de la cama. Darío se teme lo peor: 

--¿A dónde vas? no me dejes así.

es una suplica que no obtiene respuesta. Es habitual en Antonio dejar a sus amantes después de hacer el amor. Darío está loco por él.

–!No me puede hacer esto¡

Darío desesperado. Totalmente desnudo Antonio corre hacia la nevera. Sonríe con orgullo:

--Me gustaría ver la cara que pondría Francisco si nos viera en este momento. Pagaría por ver eso.

Antonio ríe divertido. Darío en la cama espera impaciente.

--¡¿¿Qué haces?¿qué pasa?

Antonio regresa tranquilamente:

--macho, pareces una vieja histérica...

Se acerca a la cama desnudo y con  una botella de cava catalán.

--es del barato pero nos vale.

Lo besa.

--¿y las copas?

--bebemos de la botella.

Antonio abre la botella. Se bañan los dos. Luego Antonio bebe a morro. Darío espera que le pase la botella pero Antonio lo besa compartiendo así el cava. Los dos están muy contentos.

--te juro que voy a cambiar…te lo juro.

Darío lo mira enamorado, Perplejo

--¿bromeas?

No puede creer lo que oye. Antonio ya ha dejado el cigarro consumiéndose en la mesita. Ahora habla en sorbo y sorbo.

--No,... estoy cansado de ir de una cama a otra... si no me fallas me quedo contigo.

Darío si lo pinchan no sangra de lo sorprendido que está.

--¿en serio?

Antonio se pone a cuatro patas sobre la cama. Hace morritos:

–¿no quieres comprobarlo?

--claro que si --dice besándolo.

Darío feliz. Antonio excitado. Piensa en Francisco en que de nuevo le ha quitado a su pareja.


Emilio llega a su casa muy exaltado tras su encuentro con Francisco y el desnudo Alberto. Sus gemelitos se tiran a sus brazos llamándolo papá. Emilio los abraza con fuerza. Los mira de una manera especial. Los adora porque son sus hijos, porque así lo siente y además entre sus venas llevan la sangre de los Guara que es algo que lo llena de dicha. Lola está con ellos. Lo siente extraño.

–¿estás bien?

--si... --dice sin dejar de acariciar a sus niños.

--¿ha ocurrido algo?

Lola está ansiosa por saber si Darío estaba con su amante pero le da mucha vergüenza. Los gemelitos se quedan viendo la tele. él la ayuda con las maletas.

--¿vistes a Darío?

Emilio no entiende nada:

--¿que tenía que hacer tu marido ahí?

Muy nerviosa Lola solo dice:

--¡¡Ex marido... ya le puse la demanda de divorcio¡

Eso a Emilio no le importa. No sabe nada de esos hermanos con los que vivió Lola y nunca le interesó. Ahora, sin decirle el porqué de su interés, le pregunta para saber intimidades pero Lola no le quiere contar.

--quiero olvidar.

Emilio siente celos. Está convencido que tuvo algo con uno de ellos. A solas en su cuarto, mirando la foto que tiene escondida de los hermanos se pregunta:

--¿con cual? ¿o con los dos?

Los celos lo atormentan. Como quisiera estar en lugar de su prima. 

--su marido estaba cañón y seguro que se acostó con uno de esos pedazos de macizos... si no de los dos… y por eso lo ha dejado.

Ha pasado años con la imagen del cuerpo adolescente desnudo de Alberto clavado en sus mejillas. ¡¡Lo ha vuelto a ver 16 años después¡ ha pasado casi tanto tiempo como el que tenían entonces.

--¡¡ni punto de comparación... ¡¡aún está más bueno¡

No puede creer que se haya vuelto a repetir su recuerdo. Son minutos de esa rica visión que le ha dejado un gusto muy agradable en su boca. Le gusta a ver borrado el sabor amargo que le dejó ese sueño en donde uno de esos gemelos aparecía muerto y desnudo.

--a lo mejor lo interpreté mal. A lo mejor me avisaba de esto.

Besa esa foto de sus príncipes mientras piensa en el cuerpo desnudo de Alberto y la simpatía de Francisco. Ninguno de esos gemelos ha sido para él y a estas alturas de la vida sabe perfectamente que nunca los obtendrá pero en cambio se ha quedado con su sangre. El cambio le parece justo. Se masturba pensando en los dos. Sobretodo en el cuerpo desnudo de Alberto.





Al día siguiente, a Francisco lo despierta el sonido de su móvil.

--¡¡Darío, por fin¡ ¿¿dónde te has metido?

Francisco está tan feliz que no nota que Darío se muestra tenso. Quiere hablar con él, es como una obligación. Francisco lo siente como una cita amorosa. Se viste a toda prisa. Gritando:

--Darío me ha llamado.

Darío ha quedado con Francisco en un parque. Francisco le quiere contar tantas cosas pero Darío sólo le dice:

--tú me has hecho desear ser feliz... sin engaños...

Francisco cree que habla con él y espera la confesión:

--Voy a vivir con un hombre, en realidad siempre he estado enamorado de él.

Francisco se queda en shock.

--¿cómo?

Darío quiere que Francisco se alegre por él.

--tú me animaste, no quiero ser un  hipócrita.

Francisco está muy decepcionado:

--¡¡pero te quería para mi¡

Darío trata de animarlo, de que no esté enojado.

--Tú mereces alguien mejor.

Francisco lo rechaza con dureza.

--¡¡no me vengas con bobadas¡

Francisco ha sufrido una fuerte decepción.

--¿porqué otro y no yo?

--Porqué él se me metió en la sangre.  Si lo conocieras como yo me entenderías.

Mi Duque es excepcional.

Francisco se queda helado:

--¿tu Duque?

Darío sonríe con orgullo. Señala más allá. En el auto está Antonio. Sonríe a Francisco con burla. Francisco no da crédito a lo que ve.



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