domingo, 4 de octubre de 2026

Capitulo 45

 








Darío está fascinado por toda la belleza pero Francisco se centra en una sola belleza: la del impresionante y extraordinario cuerpo de Darío. Éste le sonríe:

--oye, que te has quedado encantado... ¡¡venga¡

Solo tienen unas horas y Darío no quiere dejar nada sin ver:

--¡¡me quiero bañar en todas las playas¡

--almenos --piensa Francisco-- estará en bañador y podré gozar de su cuerpo. Alquilan una barquita para recorren todas las costas. A las 7 de nuevo se hacen a la mar. Diversión, cena, sexo... Y sexo. Luego de hacerlo, Francisco quisiera quedarse un rato abrazado a Darío pero éste en seguida se levanta.

--duerme conmigo aunque sea una noche --le suplica Francisco.

Darío se tumba en la otra cama:

--No seas pesao. No somos una pareja y yo no voy a pasar una mala noche por un capricho tuyo. Yo paso de dormir como si fuéramos una pareja de maricones.

Ese comentario lastima a Francisco. Darío se queda dormido enseguida.  Francisco lo observa con deseo hasta que el sueño lo vence a él también.










Es su cuarto despertar en el barco. a las doce del medio día han llegado a Katakolon. Un pequeño puerto fundado en la mitad del siglo 19. Con su guía en la mano Darío va leyendo:

--sabias que esta ¿inevitablemente ligado al sitio legendario de Olímpia por su proximidad con ella?

Guapo, simpático. Divertido y muy estudioso. Definitivamente Darío es el hombre perfecto. Francisco está convencido que es el hombre que ha estado esperando toda su vida. Le duele que sea un hombre casado y no se resigna a que su relación sea sólo una luna de miel de unos días. Observa con deseo y amor a Darío que sigue leyendo:

--Según los libros que describen el nacimiento y la historia de Olímpia, con bastantes detalles, la ciudad hubiera sido una localidad pastoril elegida directamente por el Dios de los Dioses, Zeus, para promover su culto en los ojos de los Griegos. Olímpia, con Delfes, la ciudad consagrada a Apolo, y Atenas misma, son los lugares del culto mitológico más importantes de Grecia: es allí donde nacieron los juegos Olímpicos. Todavía es posible de ver, dentro del amplío espacio del estadio, las líneas de partida y de llegada de las carreras. 

Le gusta escucharlo aunque ya le aburre un poco tanta historia. Quisiera callarlo con un beso  pero Darío se ha cansado de repetir que sólo son amigos y que fuera de su camarote no deben hacer nada que no harían dos amigos. Darío observa con admiración la estatua del Dios Griego Zeus.

--me encanta este Dios.

Francisco está muy pegado al cuerpo extremadamente irresistible de su amante y no puede resistir a decir:

--tu sí que eres un Dios.

Es muy sensual y aunque Darío se siente alagado se aparta de prisa para evitar que Francisco haga algo que lo comprometa y con cierta dureza le dice:

--¡¡no me gustan tus bromas¡

Así que tienen que esperar hasta las 7 de la tarde al regreso al barco, al camarote para liberar los instintos que ambos han tenido frustrado todo el día.







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Por otro lado y aunque tienen su teléfono, ni Darío ni Francisco lo han usado. Han vivido al margen. No quieren que nadie los saque de ese mundo de pasión e ilusión que viven. Alberto no sabe que su hermano ha triunfado. Almenos en lo que se refiere a lograr el cuerpo de Darío. Alberto no ha hecho progresos y se siente frustrado. Ya han pasado el ecuador de ese paréntesis . No se puede ni quiere permitir el lujo de que Darío llegue sin que él haya saboreado el cuerpo de Lola. Se le ocurre algo. Está desnudo en el baño. Se queja, maldice. Lola se le acerca.

--¿puedo hacer algo por ti?

--No entres... ¡¡es que estoy desnudo y me da vergüenza¡

Alberto se hace el apenado pero Lola siente que le pasa algo y entra. 

--¡¡te dije que no entraras. No quiero que me veas las bolas¡

Lo dice con timidez pero no se cubre y Lola, que había querido alejarse de él, queda atrapada entre tanta belleza. Alberto siente que la tiene seducida.

--¿porque no se me habrá ocurrido antes? --piensa.

Lola hace un esfuerzo por no mirar esa parte tan bella como peligrosa. Lo mira a los ojos. Está ahí, Alberto, desnudo, con sus bastones. Lola herida, seducida y con ganas de sentirse mujer. Aunque finge que le sabe mal pedirlo, Alberto le dice:

--es que no me puedo bañar solo. Quería esperar a Francisco pero no puedo.

--¡ya lo hago yo¡

Alberto sonríe pícaro aunque se hace el avergonzado:

--es que soy muy tímido.

Lola se pega a él:

--pues te aguantas.

A los dos les encanta sentirse. Ella tiene que hacer un esfuerzo para no besarlo. Él también pero quiere estar seguro que la mujer no va a huir. Él sentado en la bañera. Ella recorre con la esponja el fornido pecho de él. Los dos están muy excitados. El aliento del uno embriaga al otro. Llega a los genitales. Como si le diera vergüenza, Alberto dice:

--esto lo hago yo...

Lola ya no puede más. Mira a Alberto seducida:

--es la mejor parte, quiero hacerlo yo.

Alberto tiene la mirada iluminada. Se siente un ganador pero aún va de víctima:

--si quieres...pues todos tuyos..

Lola  le toca los genitales con la esponja... luego le hecha chorro agua. Alberto emite un pequeño jadeo. Luego se los acaricia,  se miran se besan. Lola  engulle los genitales de Alberto que ya no la deja escapar. La toma en brazos. Camina con la escayola, se ha olvidado de todo.  La tumba en la cama, la desnuda.

--¡¡que hermosa eres¡ --jadea él.

Alberto disfruta su premio como si fuera un delicioso caramelo.  Luego viene la segunda parte del plan. Mientras Lola aún jadea excitada, Alberto se sienta en la cama. Se muestra herido, como si se sintiera culpable.

--me siento una basura... ¡¡no te tenias que haber metido en mi baño. Yo soy hombre y no me puedo controlar. No me tenías que haber provocado¡

Lola lo acaricia en la espalda.

--a mi me ha gustado --dice apasionada.

Alberto se levanta y la mira con reproche:

-- ¡¡eres una mujer casada¡ ¡¡no voy a poder mirar a los ojos a mi amigo¡ ¡¡esto no tiene que volver a pasar¡

Lola se queda angustiada. Alberto ha logrado lo que quería y encima sin compromisos y haciendo que Lola se sienta culpable de haber seducido a Alberto. Va hacia su cuarto.

--¡¡soy un genio, soy un genio¡ --dice Alberto tumbándose en su cama divertido.


Con sueño porque se pasan toda la noche haciendo el amor y tienen han llegado a la nueva isla a las 7, Francisco se viste mientras que Darío le va animando:

--¡¡venga... venga que sólo tenemos 10 horas para ver la isla¡

Francisco se conforma con verlo a él, con quedarse encerrado en el camarote haciendo el amor pero Darío está muy ilusionado. Se siente el Ulises del siglo 21.

--¿sabías que aquí Ulises hizo su última parada durante su viaje a Ítaca?

Francisco antes de que salgan del camarote y con las dos manos agarra el trasero de Darío. Están locos el uno por el otro. Se desean ardientemente. Se besan y luego ya se apartan. Mientras que Francisco goza de la vista que le ofrece el impresionante cuerpo de Darío recorre ese lugar de impresionantes playas paradisiacas de aguas cristalinas y apacibles. Acantilados abruptos y rocosos.

--¡¡nos tenemos que dar un baño¡ --dice Francisco.

En realidad Francisco lo que quiere es desvestir a Darío que es algo que le encanta. Darío sonríe:

--si, yo también.

Pero mira la guía:

--tenemos que ver como llegamos a Gastouri luego ya nos quedamos en la playa lo que nos dé tiempo.

--¿y qué hay de interesante?

--el majestuoso palacio de la emperatriz Sisí. 

Francisco lo mira divertido y con burla le dice:

--no sabia que tenias esos gustos.

Darío le da una patada en el trasero de broma:

--¡¡no seas payaso, quiero verlo todo¡

Francisco lo quiere abrazar pero Darío se pone serio:

--luego...

Francisco lo sigue en silencio. Cuando estén los dos en el agua podrá permitirse algunas licencias, como tocarlo más de la cuenta, jugar con él. Sentir su cuerpo semidesnudo...




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