Emilio nunca pensó vivir una situación así. Tiene sentado en su wáter a Francisco totalmente desnudo. No puede evitar que sus ojos se vayan hacia esos genitales desnudos.
--¡¡nunca más voy a limpiar la taza¡ --dice para sí.
Pero a la vez se siente un miserable por estar deseando a ese hombre que está viviendo el peor momento de su vida. La de Emilio es una lucha constante para que sus ojos miren los de Francisco y no se distraiga en nada. La mirada de Francisco le llena de ternura de amor, quiere compartir su dolor. Esos labios que tiene tan cerca. Lo ama. Lo desea. Emilio pone su mano en el hombro desnudo del guapísimo hombre. Vibra, siente amor y deseo. Lo que más quiere es que Francisco se quede a su lado y sabe que para eso necesita al hijo de Lola. Si ese bebé no fuera de Alberto no sólo Francisco se hundiría sino que lo perdería.
--que no sean gemelos no quiere decir nada…–le tranquiliza Emilio.
Aunque está más tranquilo, Francisco no puede evitar su tristeza:
--eso no tiene nada que ver... es que siendo nosotros gemelos... tú has tenido gemelos... hubiera sido lo lógico. Tiene que ser de Alberto.
Emilio es el primero al que no le interesa que se sepa si no es. No quiere ver a Francisco sufriendo de esa manera cuando él podría darle lo que desea: unos gemelitos de Alberto.
--Yo creo que es mejor dejar las cosas así... Es mejor no saber nunca cuál es la sangre de ese bebé.
–si sale negro ya se pudrió todo –dice el guapo rubio.
Francisco se levanta. Emilio enloquece del deseo al ver a Francisquito en movimiento. Resopla.
--¡¡que bueno está¡ --dice para sí.
No puede evitar mirarlo con cara de depravado pero Francisco está demasiado triste en su dolor como para ocuparse de otra cosa. Emilio no deja de mirar de reojo el cuerpo desnudo de Francisco. Le gusta los movimientos que hace al agarrar la toalla y cubre sus genitales. Emilio al fin puede descansar un poco. Aunque la visión le fascinaba prefiere no ver a Francisco como un pedazo de carne y poder charlar tranquilamente con él. Francisco mira a Emilio con mucho agradecimiento.
--No tengo cómo agradecer todo lo que asi por mi...
Y Emilio se derrite. Él tiene unas cuantas ideas pero no se lo dice. Le gusta ver a Francisco sonreír aunque dentro de él siga su gran pena. Francisco es muy cariñoso con él.
--te debo mucho... en serio.
Es su amor lo que quisiera tener, su cuerpo pero tiene su cariño. Su amistad que no es poco. Almenos Emilio siente que está cumpliendo la promesa que le hizo a Alberto, está ayudando a Francisco a ser feliz. Francisco sale del baño. Emilio detrás. Los gemelitos y él han conectado de una manera especial. Los pequeños se lanzan a sus brazos al grito de tío Francisco. A Emilio se le caen las lágrimas. Sus hijos han aceptado a Francisco como su tío. Francisco no hace preguntas. Se siente muy unido a esos niños y eso lo ayuda en su pena. Es muy simpático, muy cariñoso y juguetón con ellos. Francisco no sabe porque pero cuando mira a los ojos a esos pequeños es como si su hermano estuviera con él. Se le olvida toda las penas. A los gemelitos le encanta que Francisco los agarra, juegue con ellos lanzándolos por los aires y agarrándolos de nuevo. Los tres venga a reír. Francisco se tira con sus sobrinos sobre su cama. Sus piernas abiertas muestran de nuevo esa parte que a Emilio enloquece. Mira la escena con amor, ternura. Deseo. Culpa.
Durante esas semanas de convivencia Emilio no ha querido aprovecharse de la situación pero ahora que ha visto desnudo a Francisco ya no puede más. Entra sigilosamente en la habitación de Francisco mientras duerme. Para asegurarse lo llama y Francisco no responde. Tranquilo Emilio se acerca a él. La luz del pasillo ilumina un poco la habitación y ve el fornido torso desnudo de Francisco. Quisiera tanto vivir una bonita historia de amor con él. Sexo pero con amor. Su cuerpo está seco, sus labios necesitan humedecerse. Francisco le podría ofrecer todas esas cosas. Lo acaricia con una ternura que no se atreve a mostrarle a él y desde muy adentro dice:
--Te amo, mi príncipe. te he amado toda mi vida.
Francisco se ha despertado con la caricia pero no ha abierto los ojos. Francisco se conmueve. Nunca nadie lo había tratado con tanto amor. Se le escapa una lágrima. Emilio se tumba en su cama. Se abraza a la almohada. Está eufórico. Tener a Francisco a su lado es un sueño cada dia. Es una felicidad constante. Está siempre bastante ansioso y sin querer perder un solo detalle de esa convivencia inesperada que está teniendo por ese hombre por el que ha suspirado por 16 años. Y masturbandose con más frecuencia que nunca.
Cuando se despierta en la mañana Francisco ya tiene preparado el desayuno. Se lo agradece a Emilio con un abrazo y un beso en la mejilla. Emilio lo mira de reojo. Lo recuerda desnudo y se estremece. Cuando Francisco lo toca Emilio siente como si hicieran el amor. A Francisco le gusta sentirse amado. Deseado. Emilio lo está resucitando de nuevo en un momento en el que Francisco no quería volver a amar.
--hola ¿qué tal? --le dice cariñoso.
--si bien...
Francisco le sonríe:
--genial,
Emilio lo mira extrañado, algo ha cambiado. Siente que Francisco lo está mirando con otros ojos. no lo sabe pero Francisco lo está empezando a mirar como pareja. Solo, sin sexo. Necesita de su cariño. Está aprendiendo a valorar la belleza interna. El sexo con un chico por el que solo siente de cintura para arriba seria algo novedoso en su vida. Si Emilio insistiera posiblemente obtendría lo que ha estado esperando toda su vida. Francisco igual no quiere dar un paso en falso. Se muestra cariñoso con Emilio, el corazón de éste late por Francisco. lo ama cada día más. Lo desea ardientemente pero quiere demostrarle que lo que más valora es su felicidad, que esté bien y Francisco se lo agradece con sus gestos.
Emilio quiere que Francisco se sienta parte de la familia. Sus gemelitos ya lo han aceptado como tal. Los cuatro juntos van a comprar cosas para el bebé de Lola que es la menos ilusionada. Siente que le están quitando a su hijo pero no dice nada. Una nueva decepción para Francisco es que sea una niña. Le hubiera gustado que se llamara Alberto.
--Aunque lo importante es que nazca bien ---dice Francisco a Emilio mientras toma un café los dos solos en la cocina.
Emilio toma cacao ya que no le gusta el café.
Francisco ya no dice que lo importante es que sea hija de su hermano porque está convencido que sí lo es. A Emilio le encanta esos momentos que está a solas con Francisco. Lo siente tan suyo. Siente que es alguien especial para Francisco y eso lo hace feliz. A Francisco le agrada tener alguien que lo da todo por él. En todas sus relaciones siempre ha sido el que ha dado más. Le gusta que Emilio esté dispuesto a todo para que éste bien.
–¿crees que Lola le pondrá el nombre que yo quiera? Deseo que se llame Alberta.
--si claro... se llamará como tu digas, déjalo de mi cuenta...he preparado un documento en el que reconoce que eres el padre y nos cede la custodia a ambos en caso que le pase y pondré la cápsula que tú eliges el nombre pero vaya Lola no le veo muy maternal. También en ese documento le prohíbe abandonar a su hijo. Nos lo tiene que ceder. Está tarde lo firma.
Francisco está emocionado por todo lo que hace por él, por cómo se desvive por él. Le da todo sin pedir más que su compañía. Francisco lo mira con cariño y a Emilio le llaman sus labios. Desea besarlo. Francisco siente su amor y su deseo y le sorprende que no se haya lanzado pero es algo que le emociona. Le emociona su timidez, que lo respeta. Día a día va comprendiendo y aprendiendo que no se puede buscar el amor en el exterior de las personas.
Los días van pasando alegremente para Emilio que disfruta de la presencia de Francisco que cada vez está más asentado en su familia. Lola ya luce embarazo y se deja dominar por su primo que le impone a cada rato a Francisco. A Francisco se le cambia el rostro cuando juega con sus sobrinos. Su alma lo sabe, no hace falta que se lo diga. Eso tranquiliza un poco su culpa. Ya no podría vivir sin Francisco. Perderlo a él sería su muerte y ya sin contar el dolor que le supondría que le quitaran a sus gemelitos. Emilio lo mira con amor y con deseo.
--ojalá me pudiera amar y formar una familia los cuatro... --piensa.
Es ya verano y se van a la playa los cuatro. De entrada querían que fuera Lola pero la mujer se niega. Emilio lo prefiere así. No la necesita. Francisco luce cuerpazo en bañador. Juega a fútbol con los pequeños mientras Emilio lo mira enamorado. Ojalá fuera así para toda la vida. Francisco corre hacia él:
--venga, anímate.
--es que no sé jugar --dice Emilio.
--solo tienes que dar patadas al balón --le dice Francisco que lo arrastra hacia ellos arrastrándolo.
Los gemelitos están encantados de jugar con su padre y su tío. Emilio tropieza con la arena al querer quitarle el balón a Francisco y cae encima suyo, Siente todo su cuerpo. Lo mira con deseo. Le cuesta no besarlo. Los niños se ríen mientras Francisco le sonríe cariñoso y Emilio se levanta sofocado. Parece que a Francisco no le molesta que lo toque...
--¿será posible? --piensa Emilio.
Francisco ya le ha dado mucho y Emilio no puede creer que pueda lograr nada más. Eso sería ya el paraíso.
Después de jugar al fútbol los pequeños se quedan en la orilla jugando con sus palas ante la atenta mirada de papá Emilio. Con un ojo mira a los pequeños y con otro a Francisco que se ha metido en el mar. Se tira, bucea nada tal y como un bello sireno. Francisco sale corriendo, chapoteando en el agua. Es como una aparición del mar. El Dios del mar. En bañador, su fornido pecho desnudo y mojado. Emilio se lo queda mirando embobado. Los gemelitos están a lo suyo. Francisco se arregla el pelo con la mano. Le gusta como lo mira Emilio. Emilio no puede más, siente que el corazón se le va a salir del pecho. El uno se acerca al otro. Francisco sonriente, Emilio suspira enamorado.
--que me miras tanto... ¿en que piensas? --Francisco cariñoso.
--¿En serio quieres saberlo? --Emilio al borde del infarto.
--si, quiero conocerte...
Francisco se muestra receptivo y Emilio ya no puede callar más:
--quiero besarte.
Teme que Francisco se enoje pero con una sonrisa Francisco le dice:
--mejor te esperas luego.
Emilio de infarto;
--¿en serio...?¡ --no da crédito a lo que oye.
Francisco sonríe coqueto le gusta que Emilio lo vea como algo incalzable, que lo trate como un Dios.
--¿y porqué te debería mentir? --Francisco dulce.
Emilio se ha quedado en shock. No puede creer que Francisco desee que lo bese cuando besar sus labios ha sido lo que Emilio más ha querido durante toda su vida.
































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