domingo, 4 de octubre de 2026

capitulo 46

 






Francisco y Darío viven su despertar número 6 juntos y en el mar.

--venga dormilón --le dice Darío a Francisco mientras lo despiertan.

Son las  ocho de la mañana y han llegado a  Split, la ciudad más grande de Croacia en la costa adriática.

Francisco lo mira con mala cara. No hubiera querido que saliera el sol. Hubiera querido que aún fuera de noche y siguiera haciendo el amor con el guapo Darío. Darío le da un pequeño empujón para que salte de la cama.

--¡¡venga que es la última isla y solo tenemos hasta las 6 de la tarde para visitarla¡

Desnudo y desde el suelo Francisco mira a Darío con mala cara:

--¿porqué lo has tenido que decir?

Darío le sonríe. Se sienta en la cama. Lo mira con cariño:

--ya no somos adolescentes. Hemos vivido unos días maravillosos pero los dos sabíamos que esto se acababa. Aún nos queda un día de disfrute. ¿porqué estropearlo pensando que  es el final? Yo quiero exprimir este viaje todo lo que pueda.  no quiere perder el día lamentándome.

Francisco mira herido a Darío:

--pero es que no puede creer que puedas renunciar a esto que tenemos.

--¿te refieres al sexo?

Francisco se levanta dolido:

--¿es que solo esto significo para ti?

Los dos se miran frente a frente. Francisco necesita aclarar el tipo de relación que tienen.

--tú y yo somos distintos. para bien o para mal distintos. Y no me parece mal que tú quieras tener una relación con un hombre y salir tomado de la mano de él pero yo no busco eso. Si puedo acostarme con hombres y con mujeres... ¿porqué renunciar a eso? Sin obviar que quiero a Lola y no deseo lastimarla...

Francisco está algo nervioso. Se lleva las manos a la cabeza, luego a la cintura.

--¿hombres? ¿eso quiere decir que es normal que engañes a tu mujer?

Francisco quería pensar que ha sido el primero en la vida de Darío, que tenía dudas y que con él ha aprendido el camino correcto.

--No pensé que fueras así. Te molestaba cuando te miraba, me rechazabas.

--¡¡estaba mi mujer delante¡

–¿de no ser así te habrías acostado conmigo antes?

Darío lo mira pícaro:

--el primer día en que te conocí.

Aunque Darío esperaba que eso hiciera sentir bien a Francisco no es así. Le duele ser uno más. Le reclama. Darío se burla de él, de esa escena de celos que le hace lo que hace que tengan su primera pelea. Llegan las reproches. Darío le habla con burla.

–¿crees que eres el primer hombre con el que lo hago? He estado con cientos de hombres desde los 15. ¿!como has creído que eres el primero?!

--si, lo creía. no pensé que fueras un hipócrita.

Darío molesto le dice:

--¡¡pues bien que te has revolcado con este hipócrita aún sabiendo que soy casado? ¿¡¡es que no te va a dar pena mirar a la cara a mi esposa? ¿le quieres quitar a su marido?

Francisco no quiere pensar. No quiere pensar en Lola, en que él sabe que Alberto se la quiere llevar a la cama, en que los hermanos han tendido una trampa al matrimonio para divertirse con ellos. Lo físico es lo más fuerte pero después de la luna de miel que han vivido Francisco siente que Darío es lo que siempre ha estado esperando.

--Lo que pasa es que yo me enamoré de ti.

Darío resopla. No se esperaba esa confesión ni quería escucharla.

--tú sabias que estaba casado y que quiero seguir estándolo. Una cosa es que me deje llevar por la pasión y la emoción del viaje y la otra es que quiera cambiar mi vida.

Darío no quiere compromisos. Francisco está dolido y decepcionado.

--pues a mi no me interesa si es simple diversión.

Francisco sigue desnudo. Darío está serio.

--¡¡pues yo no te puedo ofrecer otra cosa¡

Va hacia la puerta.

--¿¿donde vas?

--¡¡yo estoy aquí para divertirme y lo haré contigo o sin ti¡ Esta ciudad es una de las más fascinantes de Europa y no me la pienso perder por una estupidez tuya.

Darío se va dando un  portazo.  Francisco grita su nombre. No quiere perder ni un instante de ese maravilloso viaje peleando. Se viste de prisa y lo va a buscar a cubierta pero Darío no aparece y eso le duele a Francisco.

--se fue... No me esperó... no le importó.

Darío espera a Francisco en el puerto.

--¡¡tiene que venir. tiene que venir¡

Francisco, dolido al creer que a Darío le da igual estar solo que con él, se encierra en el camarote. Darío, molesto porque Francisco no se conforma con lo que le pueda dar, decide no perder la visita.





Emilio, por su lado, lleva a la escuela a sus pequeños. Es feliz viendo como el rostro de esos pequeños cada vez es más parecido al de esos gemelos que lo marcaron. Su mayor dicha es haber logrado esos hijos de la sangre de los Guara. Cuando llega vuelve a su cuarto mientras una empleada ecuatoriana que tiene contratada a horas le hace la limpieza de la casa. Se tumba en su cama mirando las fotos que tiene guardadas de sus amores la pasión y el amor, de Alberto y Francisco. Se acaba quedando dormido. Siempre ha deseado soñar con alguno de ellos. Siempre que se duerme lo hace con la esperanza de tener un sueño maravilloso con ellos. Vivir en el mágico mundo de los sueños lo que en la realidad no ha podido tener ninguno de ellos. Pero es un deseo que no se le ha cumplido. Ni así los ha tenido. En ese momento tiene un sueño extraño. Un hombre muerto, desnudo. Con los pies encadenados y las manos en cruz. Mucha sangre. Todo está muy oscuro, como si lo viera por la televisión se va viendo en primer plano cada parte del cuerpo. Le impresiona la cara. ¡¡Es la de sus gemelos¡ Es el cuerpo que lo ha excitado durante años. Le ve perfectamente el trasero, los genitales en primer plano... Emilio despierta con una sensación extraño. Ha sido un sueño angustioso pero a la vez muy erótico.

--¡que sueño tan extraño¡

Tenia muchas ganas de soñar con alguno de ellos en una situación excitante:

--¿y significará algo?

El gemelo en cuestión tiene los ojos cerrados con lo que no puede ver su mirada que es en lo único que los distingue. Mira la foto con la que dormía abrazado y luego una que tiene en su mesita de sus gemelitos:

--presiento que a uno de los dos le va a ocurrir algo,...

Como padre de pequeños Guara Emilio se siente implicado en ese sueño. En la vida de esos gemelos que le marcaron. ¿su sueño será una tontería o tendrá algo que ver? Le duele mucho pensar que a uno de ellos le pueda pasar algo y él no va a estar ahí. Ni siquiera se va a enterar. A las doce está ya en la escuela de los pequeños, corren hacia él. Le llaman papá. A Emilio se le ilumina la cara, se le olvida todo.


A las 6 de la tarde ya todos los pasajeros tienen que estar en el barco ya que son las últimas horas en el mar. El barco emprende rumbo al comienzo, a Venecia. El final del viaje. Darío llega hablando con unas pasajeras bien contento. Francisco lo espera en cubierta. Lo mira celoso. Darío se acerca a él. Hay tensión entre los dos.

--hola, ¿cómo has estado?

--No me lo he pasado también como tú.

Francisco habla dolido. Con reproche. No lo mira a la cara. Mira al puerto que cada vez está más lejano. Darío se pega a él. Disimuladamente acerca su mano a la de él. La roza. Es el gesto más cariñoso que le ha visto hacerle Francisco a Darío fuera de la cama y es algo que le sorprende. Francisco lo mira enamorado. Darío le habla con dulzura. 

--lo siento... siento haber ido así... creía que me seguirías.

--y yo pensé que volverías a buscarme.

Francisco está triste por haber perdido unas horas de la compañía de su amado. También le duele saber que Darío puede estar bien sin él.

--ven, vamos al camarote... hablaremos más tranquilos.

A Francisco le duele el que Darío quiera que se escondan. Mira de nuevo al mar.

--Yo me quedo aquí.

Darío tiene claro que su historia con Francisco ha llegado a su punto y final y no quiere que sea así. Francisco está herido. Ha vivido una auténtica luna de miel con Darío y no deja de preguntarse para sí mismo:

--¿porqué no puede ser así siempre?

Nunca se había sentido tan feliz, nunca había hecho tantas cosas con un hombre que le gusta. Quisiera que ese crucero fuera un anticipo de una vida en común junto a Darío.




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