Alberto está haciendo el amor con Elisa. De pronto siente una gran angustia y grita:
--¡¡BARBIE¡
Elisa no se lo toma nada bien y lo que más le duele es que Alberto ni se disculpa con ella. Se levanta totalmente y va hacia el baño. Se refresca. Se lleva las manos al pecho.
--¿¿qué es lo que me pasa?
Siente una angustia que no logra entender.
Emilio espera ansioso el nacimiento de la nueva generación de gemelos Guara. No deja de pensar en el verdadero padre y el tío de esos pequeños que están naciendo y siente una gran emoción porque van a ser suyos. Esos bebés va a ser lo único suyo que ha tenido en su vida y en sus venas tiene esa sangre que él adora. Barbie muere en el parto. No es una sorpresa. Su estado era muy grave y su muerte inmediatamente. Ha muerto sin conocer a los recién nacidos. Emilio recibe la noticia con indiferencia. Era lo que ya se sabía y si Barbie viviera esos gemelos nunca serían suyos. Emilio solo tiene pensamientos para esos bebés. Tiene ganas de conocerlos con la esperanza de descubrir en ellos rasgos de la sangre que ama. Lo que ve le parte el alma. Son unos bebés muy pequeños y frágiles. Esos niños serían su felicidad y ahora que casi la roza no soporta la idea de perderlos. Mira a esos bebés con angustia y desesperación. Le pide a su abuela que ilumine a esos gemelitos que con unos minutos de vida luchan contra la muerte. Emilio apoya su cabeza contra el cristal para hacerles sentir todo su amor. Para traspasarles todas sus energías.
--tienen que vivir... sería demasiado cruel haberlos visto nacer para perdelos.
Derrama lágrimas de sangre. Esos bebés son ya irremplazables para él. Los quiere por ellos y porque llevan la sangre de Alberto... siente como si Alberto fuera ya parte de él y esos gemelos son hijos de ambos. No se podían llamar de otra, Alberto y Francisco. Dos varones como él quería. Un Francisco y un Alberto. De ser niña su felicidad también sería muy grande pero es un sueño que sean dos y varones pero le recuerda aún más a esos gemelos de sus sueños.
Alberto sale desnudo a la terraza. Está muy sofocado. No entiende lo que le pasa. Francisco envuelto en la sábana se acerca a él. Lo abraza por la espalda muy cariñoso.
--¿¿qué es lo que te pasa?
Alberto se encoje de hombros. Ni él mismo lo sabe.
--No te quería preocupar, vuelve a la cama.
Francisco sonríe a su hermano con cariño:
--sabes que si tú estás mal, yo también estoy mal.
Alberto se refugia en su hermano. Se siente extraño. No entiende lo que le pasa.
--No sé porqué pensé en Barbie. Como si ella me necesitara.
Francisco le habla muy fraternalmente:
--creí que ya te habías olvidado de ella.
Alberto está muy triste:
--Y lo he intentado pero me desespera no saber dónde está... ¡¡es como si la tierra se la hubiera tragado¡
Francisco es muy cariñoso con su hermano. No soporta verlo mal.
--Elisa está recogiendo sus cosas. Se va...
Alberto mira hacia el firmamento.
--que haga lo que ella quiera...
Alberto está muy triste. Muy angustiado y nada le importa lo que haga Elisa. Los gemelos se quedan mirando hacia ningún sitio. Los dos juntos en ese balcón. Comienzan a tener frío. Francisco no se quiere mover del lado de su hermano pero Alberto no quiere que se sacrifique por él.
--Yo me voy a dormir.
–¿Seguro que estás bien?
Francisco se muestra preocupado. Alberto fuerza una sonrisa. Los hermanos se abrazan. Se besan fraternalmente. Alberto se tumba en la cama pero no se puede dormir. No sabe porque pero tiene un pálpito que no lo deja tranquilo. Francisco va a su cuarto. Se angustia al ver que Martin no está. Se lleva las manos a la cabeza.
--¿¿se fue?¿me dejó?
Oye la puerta y lo abraza con desesperación. Martin sonríe cariñoso:
--¿y este recibimiento?
--temí que te hubieras ido con tu prima.
Martin lo acaricia. No sabía que a Francisco le fuera doler tanto la posibilidad de perderlo y le gusta.
--ella se enojó conmigo pero no quiero que mezclemos las cosas. Yo no me quiero ir.
Se abrazan. Van hacia su cuarto. Se dicen que se quieren y caen a la cama.
Emilio apenas se mueve de lado de esos niños. No se quiere perder ni un segundo de sus vidas aunque le dicen que se lo tome con calma ya que la cosa va para largo. El entierro de Barbie es discreto. Sin esquela. A Emilio no le interesa que nadie sepa que la mujer ha muerto para evitar que le pueden quitar a esos bebés. La ex esposa de Alberto es sepultada en el mismo panteón que la abuela de Emilio. Con la inscripción de la familia de éste (sus abuelos maternos). Son días, semanas de angustia. En total poco más de un mes cuando Emilio está ya en su casa ejerciendo de papá de dos gemelos preciosos. De los hijos de Alberto. De los sobrinos de Francisco.
Martin vive en casa de Francisco como su pareja. Los dos están muy felices. Llaman a la puerta mientras está en la ducha. Sale a abrir envuelto en la toalla.
--ya voy...
Es un hombre con una maleta. Sonríe sensual. Martin se ha quedado helado. Lo mira como si fuera un fantasma.
--¿tú?
Francisco y Alberto trabajan mano a mano en la frutería "hermanos Guara". Es ya la hora de cerrar. Luego de años de sacrificios para acabar su carrera Francisco nunca pensó que sería feliz como simple frutero pero la compañía de su hermano lo hace feliz. El matrimonio de Alberto los había distanciado físicamente pero juntos en casa y en el trabajo se sientes tan unidos como cuando eran adolescentes. Bajan la persiana juntos. Se van hablando cariñosamente. Francisco le pone la mano en el brazo. Lo acaricia fraternalmente.
--¿seguro que te sientes bien? te siento extraño.
Alberto se lleva la mano al pecho.
--No lo sé... a veces una angustia se apodera de mi... Es como si alguien me necesitara.
Francisco le pone la mano en el hombro. Lo mira con cariño:
--¿Barbie?
Se hace un silencio. La herida aún duele pero ya se ha resignado a que la mujer con la que se casó ha salido de su vida.
--No, no es eso.
--¿y entonces?
Alberto está muy confundido. Es una duda que le nace desde muy adentro:
--Es como si alguien me llamara.
Francisco se ríe de él. Lo abraza del cuello. Los dos siguen caminando divertidos.
Los gemelos de Alberto no dejan de llorar. Lo están volviendo loco a Emilio porque no sabe qué les pasa y tampoco puede con los dos. Igual siente que todo ha merecido la pena. Le hace mucha ilusión ser padre de esos bebés. El tío y el padre de ese bebé lo marcaron en el instituto. Francisco con su tierna sonrisa y Alberto con sus bellos genitales. Sabe que para ellos no fue nada y ahora en cambio sus hijos llevan la sangre de los gemelos. Sonríe aunque por pocos segundos. Llaman al timbre. Es una mujer pelirroja.
--¡Lola, al fin¡
La mujer llega con su maleta.
--¡¡tranquilo... que tu prima está aquí para ayudarte¡
Lola se ocupa de Albertito y Emilio de Francisco. Así los dos pequeños se quedan dormido. Emilio los mira con ternura. No puede evitar pensar en el padre y en el tío. Lola está algo confundida:
--¿de dónde salieron estos bebés?
--son mis hijos.
Emilio no le piensa dar más explicaciones a su prima. A solas en su cuarto se deleita con esas fotos robadas de Francisco y Alberto. Que sus hijos son Guara es su más bello secreto pero es algo que nunca nadie debe saber.
Martin mira incrédulo al recién llegado. El otro lo quiere acariciar:
--¿no vas a besar a tu novio?
Martin se sobresalta:
--¡¡ya no eres mi novio¡ ¡¡David no eres nada mío¡
David le guiña el ojo y Martin se estremece. David sonríe seductor. Siente que puede manipular a Martin como siempre y eso le gusta. Martin también lo sabe y se maldice por eso:
--porque siempre llegas cuando soy feliz. --Martin aturdido.
--tu eres mío, sin mi nunca serás feliz. --David con orgullo.





















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